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CARLES GUERRA
Por supuesto, la crítica existe. El problema
está en confundirla con el periodismo. Aunque
mantienen una relación muy estrecha, la crítica
debe tener en cuenta que se trata de un acto
transitorio y con escasa trascendencia.
Informar es una base para opinar. Por lo tanto,
una opinión sin información no va a ninguna
parte, y a la inversa tampoco. Abrogarle más
responsabilidad a la crítica es liarla. En el
momento en que el crítico se cree
administrando cierta autoridad y cree que
debe ir repartiendo juicios destruye el juego
más interesante: es decir, que tras la crítica
se pueda seguir opinando y haciendo más
crítica. ¡Que la crítica jamás represente un
punto y final! ¡Que jamás cometa el pecado de
abusar de la autoridad de la primera persona!
Por otro lado, el crítico nunca es independiente.
La ética y el parloteo de la virtud me producen
náuseas. Cuando decido hablar de algo es
porque pienso que nadie más dirá lo que yo
creo necesario decir. Si fracaso al realizar
una crítica así, que ocurre muchas veces, es
porque no he dicho nada nuevo. La crítica, por
lo tanto, debe evitar reproducir los lugares
comunes. Cada vez vemos más las notas de
prensa convertidas en opinión crítica, prueba
de que la catástrofe se propaga deprisa. Hoy
en día, hacer crítica es una buena plataforma
para llevar a cabo otras cosas. En mi opinión,
los mejores artistas han empezado haciendo
crítica (Judd, Godard...). La crítica es una de
las producciones más modestas pero más
flexibles. Para mí representa el espacio más
productivo del arte, más que la supuesta
centralidad de la obra. Si por mí fuera, a la
obra se le deberían pegar las críticas como
quien añade “post-its”. Con toda seguridad
habría un punto en el que la obra ya no se
vería. El día que las instituciones hagan eso
la crítica dejará de ser prescindible.
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| Carles Guerra colabora en el suplemento “Culturas” de La Vanguardia |
ROSA PERA
Creo que cuestionarse la existencia de la crítica
hoy es como cuestionarse la existencia del
arte. Naturalmente, la respuesta es afirmativa.
No obstante, habría que pensar dónde y cómo
debe actuar y observar hasta qué punto
sintoniza con la contemporaneidad. Instrumento
y ámbito de comunicación, la crítica debe
buscar los canales más adecuados para
desarrollarse, a fin de establecer una conexión
fructífera con el público.
Ejercer la crítica implica desarrollar texturas
de análisis e investigación que permitan
problematizar procesos y situaciones
relacionados con la actualidad, mediante la
creación contemporánea. Y así, situarse en
terrenos que promuevan el diálogo con voces
de otras áreas del conocimiento, la relación
con el cuerpo social, la emergencia de
arquitecturas intelectuales y estéticas que
actúen como cadena de transmisión de ideas
y como altavoz de esas ideas.
Como ocurre en el ámbito de las prácticas
artísticas, la crítica no siempre atiende a
estas consideraciones, o bien se queda
atrapada en cápsulas estancas, que no
conectan con el entorno, o bien se funde en la
estridencia mediática, a menudo para ejercer
la propaganda, sometiéndose a los poderes
fácticos. Y ese es sólo el perfil más bajo de la
crítica. Lo que hay que hacer es fomentar y
ejercer la crítica abierta, inteligente y activa.
Rosa Pera colabora en ArteContexto
CARME ORTIZ
La existencia y la redefinición del papel de la
crítica en un mundo globalizado donde las
nuevas tecnologías de la comunicación hacen
que la interacción entre los individuos cambie
y las formas de buscar información y de crear
y divulgar opinión, también, son premisas y
preocupaciones que tienen en cuenta e incluyen
muchas de las acciones que se han llevado a
cabo en las últimas décadas y que se han
concretado en proyectos editoriales: tanto
efímeros, como de larga duración, como en
apoyo papel y con unos precarios sistemas de
distribución, como en la red. Si éste es el
panorama que se dibuja internacionalmente,
hay que decir que el escenario nacional tiene
en cuenta estos parámetros, pero el hecho
diferenciador viene dado por una carencia de
tradición que revierte en un precario sistema
artístico real donde la formación, la divulgación,
el sistema público de colección y el sistema
privado de coleccionismo no acaban de
normalizarse. La fractura entre las voluntades
y las realidades tiene como consecuencia la
carencia de una importante masa crítica ante
la insuficiencia del sistema.
Carme Ortiz colabora en Papers d’Art
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DAVID ARMENGOL
Frente al planteamiento inicial sobre la
existencia o no de la crítica como dispositivo
discursivo en torno al arte, creo que, pese a
sus capacidades limitadas como vínculo efectivo
de relación entre práctica artística y público,
la respuesta debe ser afirmativa. Ya sea con
mayor o menor grado de eficacia, no pueden
obviarse la presencia de distintas estructuras
de aproximación crítica al arte contemporáneo
desde los medios de comunicación habituales,
como la prensa escrita (siendo más
problemática la situación a nivel de radio y
televisión). A pesar de esta cobertura, quizá
uno de los problemas principales que sufre la
crítica actualmente se halla en la necesidad
de generar contextos más específicos y
especializados; marcos de trabajo más libres
y flexibles capaces de favorecer juicios críticos
más allá de lecturas vinculadas al conocimiento,
difusión y promoción del hecho artístico. Para
llegar a ello, la crítica debería conseguir mayor
autonomía e independencia respeto de la
institución, situándose así en un punto
intermedio más equilibrado y honesto entre
arte y usuario.
David Armengol colabora en A-Desk.org |
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MARTÍ MANEN
La crítica siempre ha tenido diferentes posiciones
dentro del arte contemporáneo. Creo que es
evidente que hoy existe la crítica, como ha existido
siempre. Eso sí, pensando que el trabajo de
Marcel Brothaers, Hans Haacke, Andrea Fraser
o Fred Wilson se puede leer también como crítica
del arte y de su funcionamiento. Si hablamos de
la crítica y de su vinculación con los medios de
comunicación, tampoco creo que la situación sea
demasiado desfavorable. Desde espacios de
prensa masiva como el Avui, La Vanguardia o El
País hemos podido observar un margen lo
suficientemente ancho de maniobra por parte
de la crítica, si tenemos en cuenta que se trata
de empresas que se rigen por criterios
económicos. El seguimiento de lo que pasa a
nivel artístico se encuentra lo suficientemente
bien cubierto, pero quizás la tribuna de la crítica
a los medios masivos escritos no tiene por
tradición marcar tendencias o posibilidades,
salvando algunas excepciones.
Lo que es flagrante es el caso de la televisión
pública, que no sirve como vínculo entre el
contexto artístico y la realidad social, ni como
espacio para una crítica constructiva en arte
contemporáneo. Es flagrante si pensamos que
aquí no nos tendríamos que regir por criterios
económicos, sino de calidad social. Nos
encontramos en un momento interesante, donde
la facilidad de publicación en línea abre las
puertas a una democratización de la crítica.
Falta por ver cuál será la reacción de los medios
tradicionales y qué vínculos se establecerán.
Martí Manen colabora en A-Desk.org
MARTÍ PERAN
¿1.000 caracteres sobre la crítica?... ¡Uf! Ya
me quedan 4 menos... La crítica es un
comentario, es escritura, es una experiencia
de lenguaje, es mediación, es el efecto de la
obra, es historiografía, es hermenéutica, es un
elemento en el círculo del arte, es una
asignatura, es un anzuelo, es un juicio, es
pensatividad, es un carné, es una moda, es una
transacción, es poesía de chapuceros, es una
profesión, es una distracción, es el arte mismo,
es el enemigo, es el abismo del habla, es un
episodio estético, es una tautología, es uninstrumento, es un atajo, es inútil, es una
recreación, es una destrucción, es una reacción,
es un encargo, es un corte vertical, es un
narcótico, es una paradoja, es una alternativa,
es institucional, es un parásito, es periodismo,
es una encuesta, es opaca, es un puente, es
una voz, no es nada, es un tema, es una
conferencia, es un programa, es una carencia,
es un esfuerzo, es una negativa, es una atención,
es una producción, es un conocimiento, es un
comisario, es una pregunta, quizás es verdad,
es una dirección, es una intención, es un
mercado, es un error, es un viaje, es un montaje,
es una lupa, es un ingenio, es una técnica, es
una disección, es reverberación, es un pretexto,
es el momento cero de 1.000…
Martí Peran colabora en Exit
ANNA MARIA GUASCH
Cada día más, pensamos, ya no tiene sentido ni
hablar de una crítica formal (basada en lo visual,
en la percepción, en la “mirada adiestrada” y en
el efecto shock), ni tampoco de una crítica textual
con todo lo que supone, tal como avanzó Marcel
Duchamp en su texto The Creative Act (1957), al
artista como al crítico-observador, sino de una
crítica contextual o “situada”.
Una crítica en función de los lugares y las
situaciones específicas, una crítica comprometida
con las vicisitudes del presente donde el lenguaje
y el estilo acaban cediendo su protagonismo a
favor del hombre y sus relaciones con el espacio
y siempre dentro de unas máximas cotas de
reflexividad e interés por la “alteralidad”. Más
que hablar de la tan manoseada “crisis” de la
crítica, me gustaría pensar en un cambio de perfil
de la figura del crítico y sobre todo en la función
de la crítica. Y en este punto propongo, en una
línea similar a la planteada por Andrea Fraser,
desvincular la crítica del “mercado económico”
y ubicarla en otros mercados, como el “mercado
intelectual” que incluye la academia así como el“mercado institucional” (museos, fundaciones,
organismos públicos, políticas culturales) por los
que la figura de la crítica puede gozar de cierta
autoridad y relativa autonomía a la hora de
legitimar las prácticas artísticas.
Anna Maria Guasch colabora en ABCD las artes
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| Encuesta realizada con la colaboración de Mireia Ferrer Munill |
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