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LA CRÍTICA [Y 2]
>> Encuesta: “¿existe la crítica hoy?” >> Pensamiento crítico: un pleonasmo

Publicamos la segunda parte del especial dedicado a la crítica. Así completamos la encuesta realizada por Eduardo Pérez Soler a los más importantes críticos de Cataluña que publican regularmente y que respondieron a la pregunta “¿Existe la crítica hoy?”. Una oportunidad para expresar una toma de posición frente a la situación de la crítica hoy. Desde aquí nuestro agradecimiento a todos los que aceptaron participar. Finalizamos este primer dossier dedicado a la crítica con un breve texto que intenta sacar algunas conclusiones.


ENCUESTA: “EXISTE LA CRÍTICA HOY?”
CARLES GUERRA
Por supuesto, la crítica existe. El problema está en confundirla con el periodismo. Aunque mantienen una relación muy estrecha, la crítica debe tener en cuenta que se trata de un acto transitorio y con escasa trascendencia. Informar es una base para opinar. Por lo tanto, una opinión sin información no va a ninguna parte, y a la inversa tampoco. Abrogarle más responsabilidad a la crítica es liarla. En el momento en que el crítico se cree administrando cierta autoridad y cree que debe ir repartiendo juicios destruye el juego más interesante: es decir, que tras la crítica se pueda seguir opinando y haciendo más crítica. ¡Que la crítica jamás represente un punto y final! ¡Que jamás cometa el pecado de abusar de la autoridad de la primera persona! Por otro lado, el crítico nunca es independiente. La ética y el parloteo de la virtud me producen náuseas. Cuando decido hablar de algo es porque pienso que nadie más dirá lo que yo creo necesario decir. Si fracaso al realizar una crítica así, que ocurre muchas veces, es porque no he dicho nada nuevo. La crítica, por lo tanto, debe evitar reproducir los lugares comunes. Cada vez vemos más las notas de prensa convertidas en opinión crítica, prueba de que la catástrofe se propaga deprisa. Hoy en día, hacer crítica es una buena plataforma para llevar a cabo otras cosas. En mi opinión, los mejores artistas han empezado haciendo crítica (Judd, Godard...). La crítica es una de las producciones más modestas pero más flexibles. Para mí representa el espacio más productivo del arte, más que la supuesta centralidad de la obra. Si por mí fuera, a la obra se le deberían pegar las críticas como quien añade “post-its”. Con toda seguridad habría un punto en el que la obra ya no se vería. El día que las instituciones hagan eso la crítica dejará de ser prescindible.


Sílvia Prada. Justin, 2005

Carles Guerra colabora en el suplemento “Culturas” de La Vanguardia


ROSA PERA
Creo que cuestionarse la existencia de la crítica hoy es como cuestionarse la existencia del arte. Naturalmente, la respuesta es afirmativa. No obstante, habría que pensar dónde y cómo debe actuar y observar hasta qué punto sintoniza con la contemporaneidad. Instrumento y ámbito de comunicación, la crítica debe buscar los canales más adecuados para desarrollarse, a fin de establecer una conexión fructífera con el público. Ejercer la crítica implica desarrollar texturas de análisis e investigación que permitan problematizar procesos y situaciones relacionados con la actualidad, mediante la creación contemporánea. Y así, situarse en terrenos que promuevan el diálogo con voces de otras áreas del conocimiento, la relación con el cuerpo social, la emergencia de arquitecturas intelectuales y estéticas que actúen como cadena de transmisión de ideas y como altavoz de esas ideas. Como ocurre en el ámbito de las prácticas artísticas, la crítica no siempre atiende a estas consideraciones, o bien se queda atrapada en cápsulas estancas, que no conectan con el entorno, o bien se funde en la estridencia mediática, a menudo para ejercer la propaganda, sometiéndose a los poderes fácticos. Y ese es sólo el perfil más bajo de la crítica. Lo que hay que hacer es fomentar y ejercer la crítica abierta, inteligente y activa.

Rosa Pera colabora en ArteContexto


CARME ORTIZ
La existencia y la redefinición del papel de la crítica en un mundo globalizado donde las nuevas tecnologías de la comunicación hacen que la interacción entre los individuos cambie y las formas de buscar información y de crear y divulgar opinión, también, son premisas y preocupaciones que tienen en cuenta e incluyen muchas de las acciones que se han llevado a cabo en las últimas décadas y que se han concretado en proyectos editoriales: tanto efímeros, como de larga duración, como en apoyo papel y con unos precarios sistemas de distribución, como en la red. Si éste es el panorama que se dibuja internacionalmente, hay que decir que el escenario nacional tiene en cuenta estos parámetros, pero el hecho diferenciador viene dado por una carencia de tradición que revierte en un precario sistema artístico real donde la formación, la divulgación, el sistema público de colección y el sistema privado de coleccionismo no acaban de normalizarse. La fractura entre las voluntades y las realidades tiene como consecuencia la carencia de una importante masa crítica ante la insuficiencia del sistema.

Carme Ortiz colabora en Papers d’Art


Marcel Dzama. Untitled, 2004
DAVID ARMENGOL
Frente al planteamiento inicial sobre la existencia o no de la crítica como dispositivo discursivo en torno al arte, creo que, pese a sus capacidades limitadas como vínculo efectivo de relación entre práctica artística y público, la respuesta debe ser afirmativa. Ya sea con mayor o menor grado de eficacia, no pueden obviarse la presencia de distintas estructuras de aproximación crítica al arte contemporáneo desde los medios de comunicación habituales, como la prensa escrita (siendo más problemática la situación a nivel de radio y televisión). A pesar de esta cobertura, quizá uno de los problemas principales que sufre la crítica actualmente se halla en la necesidad de generar contextos más específicos y especializados; marcos de trabajo más libres y flexibles capaces de favorecer juicios críticos más allá de lecturas vinculadas al conocimiento, difusión y promoción del hecho artístico. Para llegar a ello, la crítica debería conseguir mayor autonomía e independencia respeto de la institución, situándose así en un punto intermedio más equilibrado y honesto entre arte y usuario.

David Armengol colabora en A-Desk.org



Carles Guerra:
¡Que la crítica jamás represente un punto y final!
¡Que jamás cometa el pecado de abusar de la autoridad de la primera persona!


Rosa Pera:
Lo que hay que hacer es fomentar y ejercer la crítica abierta, inteligente y activa


Anna Maria Guasch:
Propongo desvincular la crítica del“mercado económico”
y ubicarla en otros mercados, como el “mercado intelectual”



MARTÍ MANEN
La crítica siempre ha tenido diferentes posiciones dentro del arte contemporáneo. Creo que es evidente que hoy existe la crítica, como ha existido siempre. Eso sí, pensando que el trabajo de Marcel Brothaers, Hans Haacke, Andrea Fraser o Fred Wilson se puede leer también como crítica del arte y de su funcionamiento. Si hablamos de la crítica y de su vinculación con los medios de comunicación, tampoco creo que la situación sea demasiado desfavorable. Desde espacios de prensa masiva como el Avui, La Vanguardia o El País hemos podido observar un margen lo suficientemente ancho de maniobra por parte de la crítica, si tenemos en cuenta que se trata de empresas que se rigen por criterios económicos. El seguimiento de lo que pasa a nivel artístico se encuentra lo suficientemente bien cubierto, pero quizás la tribuna de la crítica a los medios masivos escritos no tiene por tradición marcar tendencias o posibilidades, salvando algunas excepciones. Lo que es flagrante es el caso de la televisión pública, que no sirve como vínculo entre el contexto artístico y la realidad social, ni como espacio para una crítica constructiva en arte contemporáneo. Es flagrante si pensamos que aquí no nos tendríamos que regir por criterios económicos, sino de calidad social. Nos encontramos en un momento interesante, donde la facilidad de publicación en línea abre las puertas a una democratización de la crítica. Falta por ver cuál será la reacción de los medios tradicionales y qué vínculos se establecerán.

Martí Manen colabora en A-Desk.org


MARTÍ PERAN
¿1.000 caracteres sobre la crítica?... ¡Uf! Ya me quedan 4 menos... La crítica es un comentario, es escritura, es una experiencia de lenguaje, es mediación, es el efecto de la obra, es historiografía, es hermenéutica, es un elemento en el círculo del arte, es una asignatura, es un anzuelo, es un juicio, es pensatividad, es un carné, es una moda, es una transacción, es poesía de chapuceros, es una profesión, es una distracción, es el arte mismo, es el enemigo, es el abismo del habla, es un episodio estético, es una tautología, es uninstrumento, es un atajo, es inútil, es una recreación, es una destrucción, es una reacción, es un encargo, es un corte vertical, es un narcótico, es una paradoja, es una alternativa, es institucional, es un parásito, es periodismo, es una encuesta, es opaca, es un puente, es una voz, no es nada, es un tema, es una conferencia, es un programa, es una carencia, es un esfuerzo, es una negativa, es una atención, es una producción, es un conocimiento, es un comisario, es una pregunta, quizás es verdad, es una dirección, es una intención, es un mercado, es un error, es un viaje, es un montaje, es una lupa, es un ingenio, es una técnica, es una disección, es reverberación, es un pretexto, es el momento cero de 1.000…

Martí Peran colabora en Exit


ANNA MARIA GUASCH
Cada día más, pensamos, ya no tiene sentido ni hablar de una crítica formal (basada en lo visual, en la percepción, en la “mirada adiestrada” y en el efecto shock), ni tampoco de una crítica textual con todo lo que supone, tal como avanzó Marcel Duchamp en su texto The Creative Act (1957), al artista como al crítico-observador, sino de una crítica contextual o “situada”. Una crítica en función de los lugares y las situaciones específicas, una crítica comprometida con las vicisitudes del presente donde el lenguaje y el estilo acaban cediendo su protagonismo a favor del hombre y sus relaciones con el espacio y siempre dentro de unas máximas cotas de reflexividad e interés por la “alteralidad”. Más que hablar de la tan manoseada “crisis” de la crítica, me gustaría pensar en un cambio de perfil de la figura del crítico y sobre todo en la función de la crítica. Y en este punto propongo, en una línea similar a la planteada por Andrea Fraser, desvincular la crítica del “mercado económico” y ubicarla en otros mercados, como el “mercado intelectual” que incluye la academia así como el“mercado institucional” (museos, fundaciones, organismos públicos, políticas culturales) por los que la figura de la crítica puede gozar de cierta autoridad y relativa autonomía a la hora de legitimar las prácticas artísticas.

Anna Maria Guasch colabora en ABCD las artes


Encuesta realizada con la colaboración de Mireia Ferrer Munill
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