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NUEVAS TENSIONES, NUEVAS OPORTUNIDADES
Sensorama, el conjunto de actividades organizadas por el colectivo de artistas El Perro, se propone abordar distintas formas de compromiso político en arte. El compromiso y, en concreto, el compromiso político en arte y su posible eficacia es un deseo que recorre a las prácticas artísticas desde principios del siglo XX. Un compromiso que vive un buen momento en acciones, pero puede ser un mal momento en eficacia y que, en cualquier caso, reclama ser replanteado, repensado y revisado. O, como propone Albert Martínez López-Amor en el artículo que publicamos, ofrecer nuevas vías de actuación más contundentes y que pasan por una auténtica estructuración de los débiles esquemas con los que se trabaja en arte.



ALBERT MARTÍNEZ LÓPEZ-AMOR

“Apreciados colegas y amigos: Manifesta 6 se había definido como una escuela de arte temporal (...) inspirada en ejemplos históricos como el Black Mountain College y la Bauhaus (...), con el objetivo de desarrollar nuevas modalidades de colaboración cultural en el contexto de Nicosia. La división de esta ciudad en dos sectores, greco-chipriota y turcochipriota, implicaba un compromiso y una presencia en ambas comunidades.”

La carta pública que los comisarios de Manifesta 6, Mai Abu ElDahab, Anton Vidokle y Florian Waldvogel, difundieron el pasado 6 de junio, continúa así:
“Por desgracia, el 1 de junio recibimos una carta del alcalde de Nicosia en que se daban por finalizados nuestros contratos para organizar en la ciudad Manifesta 6, la bienal europea de arte contemporáneo. Un día después, Nicosia for Art (la organización municipal sin ánimo de lucro que gestionaba el proyecto) denuncióinternacionalmente los supuestos incumplimientos que, según afirmaba, habíamos cometido los comisarios (...). Nicosia for Art basa su acusación en que ‘hace poco y contrariamente al concepto original de Manifesta 6, el equipo de comisariado ha insistido en desarrollar parte del programa en la zona ocupada de Nicosia’.”

Los tres comisarios acaban la carta abierta lamentando la decisión de las autoridades locales y destacan el apoyo recibido:“Numerosos artistas, escritores y académicos de los dos lados de la isla nos han mandado cartas de apoyo, protestando por una actuación arbitraria (...)”.

El caso reciente de Manifesta 6 –ya veremos cómo evolucionará en el futuro inmediato–apunta, con una claridad sorprendente, algunos indicios de la naturaleza de la relación entre el arte contemporáneo y la política. En primer lugar, recuerda que hay tantas relaciones como modalidades de ejercicio de la política. En esta ocasión, cuando decimos política nos referimos a la expresión institucional del poder; y cuando decimos poder, queremos decir estructura, monolitismo e instinto de preeminencia por encima de cualquier manifestación cultural, y por extensión, social. Es un puñetazo en la mesa, un “hasta aquí hemos llegado”: los intereses del poder, especialmente cuando éste se siente cuestionado, no son materia de representación ni de debate.

e-valencia.org
e-valencia.org
Por otra parte, pensándolo bien, este episodio no debería sorprendernos. La conquista de la libertad de expresión no tiene tantos años. Sobre todo en los países que, hasta hace apenas unas décadas, han vivido bajo regímenes dictatoriales, podemos detectar aún gestos de abuso despótico. En Chipre, pero también en España. Hace poco se ha producido un caso que no se aparta mucho del ejemplo de Manifesta 6. A finales de mayo, la brigada de delitos tecnológicos del Cuerpo Nacional de Policía le pide al artista Daniel García Andújar unos datos sobre los usuarios del proyecto www.e-valencia.org, a raíz de una supuesta denuncia interpuesta a esa web por un “alto cargo”de la Conselleria de Cultura de la Generalitat valenciana. Después, no se ha vuelto a saber nada: ninguna
notificación oficial, ningún comunicado formal, ni comentario alguno de la administración denunciante. El hecho demuestra una chapuza que, si no fuera tan grave, parecería un acto de opereta. ¿Por qué, a estas alturas, vuelve la tendencia a esos“toques de atención”a artistas e iniciativas culturales? Como dice el propio García Andújar,“estamos redefiniendo continuamente parcelas de poder y eso crea malentendidos y tensiones inevitables. La reclamación de un espacio público es una constante histórica en permanente redefinición; se trata de no bajar la guardia a la hora de afrontar nuevos retos, y de encontrar nuevas vías para que la sociedad se exprese con absoluta libertad. Ahora mismo, trabajamos en un espacio muy reducido, sometido a continuas presiones, que hay que ampliar. En estas condiciones, la tensión no se puede eludir.”Una tensión que el colectivo El Perro eleva a la categoría de“combate en torno a la ‘política general de verdad’que cada sociedad tiene definida”.


“Hasta aquí hemos llegado”: los intereses del poder, especialmente cuando se siente
cuestionado, no son materia de representación ni de debate.


Nuevas estrategias
Si asumimos, pues, que el conflicto emerge con una vehemencia renovada y que está resurgiendo en los ámbitos de poder cierta agresividad de tono autoritario, quizás sea el momento de que el ámbito del arte proponga nuevas estrategias de incidencia política. Nuevas aproximaciones más eficaces, en el sentido de que vayan más allá de los apoyos restringidos y sectoriales –“artistas, escritores y académicos”– que han recibido tanto los tres comisarios de Manifesta como García Andújar. Las viejas cuestiones de la visibilidad y la trascendencia pública del arte ganan un nuevo protagonismo, que hay que entender como un hecho consustancial del nuevo escenario, ampliado y heterogéneo. Las salas, las galerías, los museos, los formatos expositivos tradicionales, las mesas redondas al uso... son opciones aún vigentes, pero no son las únicas vías. En cuanto a la difusión, hay que dejar de romperse la cabeza para atraer al público. Y en cuanto a la creación, no se trata tan sólo de cuestionar las esferas dominantes con la parodia, la ironía, la descodificación o la representación del activismo. Ha llegado la hora de que las prácticas artísticas asuman el compromiso que las artes escénicas ya aceptan desde los años sesenta: formar parte de una realidad socio-económica que pueden contribuir a transformar con acciones transversales. Y de paso, abrir la escena del arte por abajo, por las zonas de contacto con el mundo real. Tres propuestas y una constatación:

1. Insistir en la dimensión económica de la cultura, y hacerla valer sobre todo ante interlocutores inusitados, públicos y privados. Con el plus del factor sorpresa: imaginemos una acción concertada –5, 10, 20 productores culturales coordinados– de demanda de fondos a administraciones nominalmente no vinculadas al arte, como la consejería responsable del comercio o la consejería que se ocupa de asuntos turísticos. La perplejidad del interlocutor sería grande; la primera respuesta, naturalmente, negativa. Pero tal vez de ese modo –y reiterando la petición de ayuda una y otra vez– empezaríamos a combatir ciertas ideas preconcebidas sobre cuál debe ser el apoyo público a los procesos del arte y la cultura, especialmente en lugares como. Barcelona, donde “la cultura subvenciona a la economía y la política cultural actual responde directamente a los intereses de promoción urbanística y comercial”, como ha destacado Jorge Luis Marzo.
Foto de Nicosia de la web de Manifesta 6
Foto de Nicosia de la web de Manifesta 6

2. Reunir a ese elástico, vasto y creciente grupo de trabajadores freelance. Los productores de arte –en primera instancia artistas, críticos, comisarios independientes y gestores a tiempo parcial– deberían unirse en un frente de presión con todos aquellos que compartan alguna de las características de su proceso de trabajo: precariedad, flexibilidad, inseguridad, irregularidad de ingresos, riesgo, informalidad. Y concretamente, con otros productores de cultura visual como diseñadores gráficos, programadores, publicistas independientes. Esa alianza debería ser lo bastante fuerte para reclamar ventajas fiscales e incluso medidas más ambiciosas, como la posibilidad de obtener una “renta básica de producción no formal” en casos de necesidad –que, en el contexto del arte, no serían pocos.


Ha llegado la hora de que las prácticas artísticas asuman el compromiso que las artes escénicas ya aceptan desde los años sesenta: formar parte de una realidad socio-económica que pueden contribuir a transformar con acciones transversales


3. Profundizar en estrategias eficientes de inserción del arte en la sociedad. Todas las coyunturas, escenarios y situaciones que comporten reflexión y representación en torno a prácticas y preocupaciones sociales son susceptibles de recibir propuestas de acompañamiento por parte del arte contemporáneo. Unas jornadas sobre nuevas perspectivas en el sector pesquero, una serie de TV, un encuentro de ejecutivos financieros, una clase de primaria, un festival de jazz, una ruta a pie de dos días por el GR 92, un día rutinario en una planta de fabricación. ¿Cómo interactuar? Mostrando trabajos artísticos, identificando las relaciones que puede haber con las materias en discusión, vehiculando la información que se genera a través de canales creados especialmente para ello, impulsando proyectos participativos que impliquen a las personas del contexto en cuestión, etc.

El panorama es amplio y tal vez contenga más oportunidades de lo que imaginamos. Y he aquí la constatación final: la condición para una nueva acción que pueda contribuir a construir “nuevas realidades” es que elámbito del arte apueste por un trabajo colectivo. Otra condición importante consistiría en favorecer la complicidad con otras esferas de la sociedad.


Daniel García Andujar. Technologies to the people
Daniel García Andujar. Technologies to the people
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