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LA CRÍTICA [1] |
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Hace ya algún tiempo que desde las páginas del Boletín hemos mostrado preocupación por la necesaria labor crítica: en enero, Magali Arriola abordaba la responsabilidad de la escritura en arte y, en marzo, Julià Guillamon reflexionaba sobre el papel de la crítica literaria. Convencidos de su importancia y con la voluntad de hacer una primera aproximación para saber qué pasa con la crítica y qué le pasa a la crítica, publicamos en este y en el siguiente número un especial dedicado a... la crítica de arte.
Empezamos con un texto de Eduardo Pérez Soler que plantea la situación crítica de la crítica contemporánea a partir del estado del arte, las instituciones, el mercado... Y la primera parte de una encuesta, preparada también por Eduardo Pérez Soler, en la que, de momento, hemos pedido a los más importantes críticos de Cataluña que publican regularmente que respondiesen a la pregunta: “¿existe la crítica hoy?”. Una excusa para reflexionar sobre: la pérdida de referentes estables, las relaciones con los medios de comunicación y las instituciones o la mediación con el público. Y, sobre todo, para expresar una toma de posición frente a la situación de la crítica de arte hoy. Publicamos las respuestas de los que aceptaron el envite.
ENCUESTA: “¿EXISTE LA CRÍTICA HOY?”
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MERY CUESTA
Entendiendo la crítica de arte como una
práctica que se desarrolla en los medios de
prensa escrita, considero que la mayor parte
está polarizada en dos posturas. Por un lado,
la crítica que se publica en medios generalistas
a menudo no pasa de ser una serie monótona
de opiniones descafeinadas y refritos de notas
de prensa sin posicionamiento crítico, donde,
además, se sataniza la subjetividad. Por otro
lado, aquella que aparece en los medios
especializados, ensimismada y redicha, se
encuentra frecuentemente encorsetada en un
lenguaje codificado que no tiene ningún interés
en ser entendido más allá del círculo
profesional. (Nota: siempre hay honrosas pero
solitarias excepciones en cada caso.)
Para acabar –y aprovechando la coyuntura– quiero apuntar que últimamente he frecuentado
algunos círculos críticos de sectores ajenos
al arte y ni de lejos he detectado el escrúpulo
hacia el relevo generacional o la propensión
al descrédito y a la altanería en el grado en
que se da en el ámbito de la crítica de arte.
Nosotros también tenemos cosas que aprender.
Mery Cuesta colabora en el suplemento “Culturas”
de La Vanguardia
LUIS FRANCISCO PÉREZ
Falta sangre
Considero que posee un mayor recorrido
funcional y especulativo preguntarse sobre
qué clase de crítica debería hoy practicarse
en nuestra ciudad que el hecho de cuestionarse
si existe o no una “crítica de arte”, pregunta
en sí misma “antigua”, dócil y moderna avant
la lettre.... Para entendernos: la pregunta se
acomoda perfectamente, en el mejor de los
casos, al ambiente propio de un café bohemio
en el París de Baudelaire (de ahí la noble y
justa modernité de la encuesta), y, en el peor
de los supuestos, no es necesario ejercitar
ninguna arqueología retrospectiva o
aventurado futurible, pues esa desolación es
la propia de la crítica de arte que se lleva a
cabo ahora mismo en Barcelona, e
incluyámonos todos en este triste y aburrido
campo de incruenta batalla. Así es y aquí radica
la tragedia, que falta sangre, que jamás puede
ser creíble una batalla sin sangre. Seamos
prestos en la aclaración, no estamos pidiendo
que la escena artística (sus cursis y ridículas
cruzadas, paces y derrotas) se convierta en
el sangriento escenario de producciones gore
locales. No. Es todo mucho más sencillo y quizá también más complejo. Pedimos sangre para
poder situar la práctica teórica y especulativa
en torno a la producción artística
contemporánea en su más justo escenario,
aquél que se halla inmerso en la cuestión
esencial que tanto inquietaba a Foucault en
sus últimos años de vida y pensamiento: “¿Cuál
es la naturaleza de nuestro presente?”. Sí,
necesitamos más sangre, para que la “nueva
crítica” deseable sea, en su esencia y proyecto,
una crítica de la dimensión estética de las
revoluciones, sin mayúsculas y en plural, y
acoplada esa estética a las mutantes
condiciones de vida y prácticas artísticas, y
presta a luchar (conviene rescatar la nobleza
de según qué palabras) por el siempre
inconcluso proyecto de una vida donde todos
y cada uno fuéramos los gestores de nuestra
propia fiesta y de nuestro propio arte.
Luis Francisco Pérez colabora en ArteContexto
JORDI FONT AGULLÓ
Evidentemente, hoy la crítica de arte existe.
Incluso con una presencia considerable en los
medios de comunicación si lo comparamos con
otras épocas. Aun así, lo que considero
significativo es dilucidar qué tipo de crítica
acaba siendo hegemónica. Es decir, si
realmente tiene una “función crítica”, tanto
en el sentido de profundizar hasta las raíces
de los diversos mecanismos que operan en el
campo artístico, como en otro aspecto–imprescindible– como es el comunicativo y,
en cierto modo, también el pedagógico. En
general, la tipología de la crítica que predomina
en los medios de comunicación tiene poco que
ver con estas premisas mencionadas. Suele
abundar una crítica ligera y literaturizante
mucho en la línea de la praxis postmoderna
más recalcitrante que, normalmente, confunde
al lector y que a menudo olvida el objeto que
se quiere tratar mediante digresiones que no
vienen a cuento. De todo ello se desprende
una escritura poco precisa y sin rigor, a veces
inocua, y que tiende a la presentación
deshistorizada y descontextualitzada de los
artefactos artísticos. A pesar de algunas
notables excepciones, pienso que la crítica de
arte de nuestro país sufre un mal de trivialidad.
Una lacra que, si en los años ochenta, en
general, se manifestaba con el cultivo de un
cripticismo indigerible, en la actualidad perdura
a través de una mutación consistente en el
cultivo de una fijación por aquello que a menudo
es más anecdótico o que tiene relación con la
espectacularización más banal. En resumen,
si a los planteamientos pueriles de la crítica“emergente” supuestamente más fresca le
sumamos los planteamientos mixtificadores de
cierta crítica de orden neoconservador, el
resultado es la vigencia en el terreno de la
crítica de arte de unas aproximaciones a los
productos artísticos adocenadas y
encubridoras de los procesos materiales que
rehacen el mundo y el propio arte.
Jordi Font Agulló colabora en Papers d’Art
FREDERIC MONTORNÉS
El hecho de que haya plataformas desde las
cuales se ejerce la crítica de arte es un buen
síntoma de su pervivencia. Esto no quiere decir,
sin embargo, que sea mejor o peor que en
otros tiempos. Actualmente, la crítica de arte
parece que está más dirigida a informar que
no a ofrecer (plantear, debatir, discutir) nuevos
puntos de vista sobre los temas que trata. Sin
olvidar el egocentrismo del cual a menudo ha
hecho gala, la crítica de arte denota hoy un
especial servilismo en relación a las
instituciones, los medios de comunicación, las
galerías, los artistas e, incluso, los comisarios
de exposiciones. Si bien es cierto que la tarea
de la crítica no es sólo hacer de mediador
entre las propuestas artísticas y el público,
también lo es que su criterio debería servir
para incitar al público a ver con sus ojos aquello
de lo que se habla y contrastar sus valoraciones
con las que le aporta el crítico. Sólo así se
agilizará otro paso en relación a este diálogo
que siempre se pretende entre el arte y el
público. Hoy no hay nada que sea estable. Por
lo tanto, es imposible que las valoraciones o el
punto de partida de un crítico partan de esta
base. Es en función de las características de
los tiempos que la crítica evoluciona.
Frederic Montornés colabora en Exit
NEUS MIRÓ
La pregunta que se formula remite
indefectiblemente a otra pregunta: la de como
se entiende la crítica. Dicho de otra forma, en
función de cómo entendamos la crítica, ésta
existe o no.
La crítica es un ejercicio de escritura que
ocupa un espacio en la mediación, un espacio
en medio, entre la obra y el público y entre la
institución y el público. Por lo tanto, el público
lector es siempre su receptor final, y la
naturaleza del medio donde se escriba
condicionará la forma (el registro) –sin olvidar
que cada autor tiene una voz– y el contenido
del texto. No hacerlo, sería no tener en cuenta
al lector: no es lo mismo un periódico que una
revista especializada o una revista de cultura
general en la que se incluya un apartado sobre
las prácticas artísticas.
La crítica puede incluir valoraciones,
interpretaciones, juicios de valor sobre la obra
o la práctica artística objeto del texto, pero
debe proveer también de elementos
contextuales de la obra. Aquellos elementos
tangenciales a la producción, presentación y
percepción del trabajo que posibilitan el
acercamiento por parte del lector-públicovisitante
y que no necesariamente se
desprenden de la misma obra. Desde el sector
artístico a menudo existen quejas hacia la falta
de interés por el arte contemporáneo, algo
que nos debería llevar a una cierta reflexión
autocrítica por parte de todos los agentes
mediadores.
Neus Miró colabora en Exit
PILAR PARCERISAS
Es la eterna pregunta que acaba teniendo una
respuesta positiva del crítico que quiere
sobrevivir. A pesar de las diversas metodologías
que se pueden usar para abordar el arte
contemporáneo, es cierto que cada uno tiene
sus referentes, sus fuentes, su formación,
experiencia y vivencia particulares del arte.
Las relaciones entre la crítica y los medios de
comunicación es siempre frágil. La crítica está
a la cola de los suplementos culturales en
desigualdad total con las industrias culturales
como el teatro, el cine, la música o la literatura.
El espacio para el arte es exiguo en los medios
de comunicación y, en general, está mal
remunerado. Las relaciones con la institución
son cordiales, pero la crítica todavía no tiene
un peso específico ante las instituciones
públicas. Hay que hacer valer la profesionalidad
y el asesoramiento que puede dar la crítica
de arte a las instituciones. En general, entre
los asesores de las instituciones no hay nunca
un crítico de arte. Por el contrario, el público
se interesa por el arte y por la opinión del
crítico. Hay mucha más gente de la que
pensamos que lee la crítica de arte y la espera.
En nuestro contexto, a falta de revistas de
arte, la crítica todavía tiene un gran papel,
algo que los directores de la prensa o las
instituciones no siempre tienen presente.
Pilar Parcerisas colabora en L’Avui
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En el próximo número publicaremos las respuestas
de Martí Peran, Carme Ortiz, Anna Maria Guasch y
David Armengol, entre otros.
Encuesta realizada con la colaboración de Mireia Ferrer
Munill. Fotos: Consulta Mind the gap. |
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