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LA CRÍTICA [1]
>> Crítica de arte contra consenso institucional >> Encuesta: “¿existe la crítica hoy?”

Hace ya algún tiempo que desde las páginas del Boletín hemos mostrado preocupación por la necesaria labor crítica: en enero, Magali Arriola abordaba la responsabilidad de la escritura en arte y, en marzo, Julià Guillamon reflexionaba sobre el papel de la crítica literaria. Convencidos de su importancia y con la voluntad de hacer una primera aproximación para saber qué pasa con la crítica y qué le pasa a la crítica, publicamos en este y en el siguiente número un especial dedicado a... la crítica de arte.

Empezamos con un texto de Eduardo Pérez Soler que plantea la situación crítica de la crítica contemporánea a partir del estado del arte, las instituciones, el mercado... Y la primera parte de una encuesta, preparada también por Eduardo Pérez Soler, en la que, de momento, hemos pedido a los más importantes críticos de Cataluña que publican regularmente que respondiesen a la pregunta: “¿existe la crítica hoy?”. Una excusa para reflexionar sobre: la pérdida de referentes estables, las relaciones con los medios de comunicación y las instituciones o la mediación con el público. Y, sobre todo, para expresar una toma de posición frente a la situación de la crítica de arte hoy. Publicamos las respuestas de los que aceptaron el envite.


CRÍTICA DE ARTE CONTRA CONSENSO INSTITUCIONAL.
POR QUÉ DAVID JAMÁS VENCERÁ A GOLIAT

Imagen de la exposición
EDUARDO PÉREZ SOLER
Quizá una de las características que mejor definen la situación del arte contemporáneo es el pluralismo. Nunca como en nuestra época la creación artística había sido tan variada y tan diversa. Quien visite un museo en la actualidad, comprobará que en él se conservan objetos muy dispares, que van desde pinturas al óleo realizadas con una sensibilidad clásica hasta propuestas de corte conceptual, pasando por esculturas abstractas de hierro, mierda enlatada e, incluso, cadáveres ocultos en cubos de hormigón. Ciertamente, el catálogo de objetos que podemos encontrar en los museos es muy heterogéneo, al grado de resultar en extremo chocante para el observador profano.



Numerosos críticos y pensadores han intentado explicar las razones de tal diversidad. Y le debemos a Arthur C. Danto una de las teorías más influyentes a la hora de explicar el estado de pluralismo de que goza Ñüo que sufreÑü el arte hoy. Para el pensador estadounidense, el pluralismo de la creación actual es el resultado de la emancipación del arte respecto a un relato histórico dogmático y excluyente que había determinado su desarrollo. La diversidad del arte contemporáneo es la consecuencia de la superación de una época de la historia, iniciada en el Renacimiento, en la que el desarrollo de la actividad artística estuvo animado por la constante voluntad de conocimiento que el arte tuvo de sí mismo. Durante este período, las obras artísticas no fueron otra cosa que eslabones de la cadena que debía dirigir al arte al pleno discernimiento de su esencia. De acuerdo con Danto, este relato concluyó en la posguerra con la Escuela de Nueva York, cuyos máximos exponentes cultivaron una pintura idealmente despojada de todo elemento ilusionista y accesorio, que era una mera interrogación sobre la esencia de la propia pintura. Su obra severa, al límite del silencio, culminaba el proceso de autoconocimiento del arte y suponía el fin de un camino, más allá del cual era imposible transitar.

El arte contemporáneo responde a una lógica distinta a la que animó a la actividad artística hasta el expresionismo abstracto. Se sitúa en un momento posterior al del gran relato legitimador del arte o, para utilizar las palabras de Danto, en su posthistoria. Emancipado de las construcciones intelectuales que determinaban su carácter, el arte actual disfruta de la más absoluta libertad. Ya no existe ningún dogma que encorsete la actividad artística y los creadores pueden elaborar sus propuestas sin ninguna cortapisa. En este sentido, afirma Danto: “Decir que la historia terminó es decir que ya no existe un linde de la historia para que las obras de arte queden fuera de ella. Todo es posible. Todo puede ser arte. Y, porque la presente situación no está esencialmente estructurada, ya no podemos adaptarla a un retrato legitimador.” Vere nota al peu

libertad de que gozan los artistas en la actualidad. Considera que el amplio espectro de posibilidades que se abren a unos artistas capaces de crear sin restricciones debe ser a priori beneficioso para el arte. El filósofo estadounidense no puede dejar de expresar su satisfacción por la superación de los discursos legitimadores del arte del pasado, que considera un freno a la creatividad y a la libertad artísticas, y que llega a comparar con las ideologías totalitaristas.Vere nota al peu

La crítica frente al “todo es posible”
Sin embargo, el relativismo extremo que se ha impuesto en los últimos años representa un enorme obstáculo para quienes desean elaborar juicios de valor sobre el arte. Los críticos de la actualidad carecen de un marco conceptual mínimamente estable para aproximarse a los fenómenos artísticos y por tanto se muestran incapaces de establecer un análisis razonado sobre ellos. No es que ya no puedan apelar a los valores absolutos que tradicionalmente han permitido distinguir lo bello de lo feo o lo bueno de lo malo, sino que ni siquiera poseen unas coordenadas mínimas y condicionales que les posibiliten orientar sus juicios en el caótico mundo del arte. “Todo es posible” afirma Danto, aunque, en realidad, se podría hacer una leve matización: todo es posible en el arte actual, menos elaborar juicios críticos sobre el arte.

Que todo sea posible quiere decir que en el universo hay lugar para todo, incluso para lo paradójico y lo descabellado. Significa que una cosa puede ser negra y blanca, fea y hermosa, interesante y aburrida, todo ello a la vez. En un universo en el que todo vale, un objeto puede contener una cualidad determinada y, al mismo tiempo, la contraria. Y, dentro de esta lógica, ¿qué sentido tiene explicar una cosa que es, simultáneamente, la opuesta?, ¿qué sentido tiene pretender enjuiciar lo inaprensible, lo movedizo, lo contradictorio? El pluralismo o, mejor dicho, el relativismo, supone el fin de la crítica, en la medida en que la despoja de sus herramientas para distinguir lo bueno de lo malo, para separar el grano de la paja. A final de cuentas, el descrédito de los críticos es el precio que debemos pagar por la libertad del arte.


Sin embargo, eso no quiere decir que no existan formas de distinguir el arte que conviene atesorar y exhibir del que debe ser excluido y condenado al olvido. Aún es posible seleccionar las propuestas artísticas que se consideran notables y excluir las que no lo son. Elaborardistinciones sigue siendo importante: al fin y al cabo, los directores deben decidir qué obras es necesario adquirir para sus museos, los curadores, qué propuestas vale la pena incluir en sus exposiciones, y los coleccionistas, qué trabajos interesa coleccionar. Sucede, sin embargo, que la elaboración de dichas distinciones ya no depende de un crítico que, valiéndose de un marco conceptual determinado, elabora sus juicios de valor, sino que viene condicionado por lo que podríamos denominar el consenso del sistema del arte.
Imagen de la exposición


El éxito del sistema o el sistema del éxito El éxito de una obra de arte en la actualidad no depende de su calidad intrínseca –al fin y al cabo, lo bueno y lo malo se han convertido en valores relativos, sino de la capacidad que posee para generar consenso sobre su interés. Una propuesta artística cobra relevancia si los agentes con capacidad decisoria en el sistema del arte se ponen de acuerdo sobre la conveniencia de otorgarle visibilidad. Así, la suerte de una creación artística depende de las decisiones de una serie de actores–directores de museo, curadores, periodistas, coleccionistas y, en menor medida, el público que contribuyen a generar un estado de opinión favorable sobre su valor. Claro está que hay actores con más poder que otros a la hora de generar consenso: es más fácil que adquiera valía una propuesta disparatada exhibida en la Documenta de Kassel que un trabajo riguroso presentado por un colectivo independiente en un piso alquilado de Barcelona. De la misma manera, siempre es más importante para eléxito de una obra una reseña mediocre en The New York Times que una crítica brillante aparecida en una modesta revista electrónica.

Bajo estas circunstancias, no resulta extraño que directores de museos, ferias y bienales tengan un especial interés en ganarse la complicidad de periodistas y medios de comunicación y que las instituciones inviertan cada vez más recursos para promocionar sus exposiciones y sus actividades. Los gestores de los grandes espacios expositivos saben muy bien que los medios representan una herramienta extraordinaria para generar consenso. Mucho ruido mediático puede ayudar a potenciar la imagen de artistas no necesariamente brillantes o de exposiciones no siempre acertadas, al atraer el interés del público. Por ello, las instituciones programan cada vez más exposiciones de artistas capaces de suscitar atención mediática, ya sea mediante el escándalo, el supuesto compromiso político o la coartada moral.

Imagen de la exposición
Sin herramientas teóricas para defender sus posiciones, los profesionales de la crítica y la curaduría suelen optar por adherirse al consenso generado alrededor de los artistas mejor cobijados por las instituciones. Así, los nombres presentes en los centros más prestigiosos y reseñados por las publicaciones más influyentes –y a menudo también los atesorados por los coleccionistas más poderosos suelen ser escogidos por los curadores independientes para sus exposiciones. Al invitar a artistas de prestigio, los curadores otorgan legitimidad a su propio trabajo, pero, al mismo tiempo, contribuyen a reforzar el consenso creado alrededor de los artistas que han seleccionado. De forma gradual, se van añadiendo nuevas voces que refuerzan el estado de opinión alrededor del valor de los artistas que han tenido la fortuna –
o la habilidad de llamar la atención de los mandamases del mundo del arte. Todos conocemos el resultado de este proceso: al final, siempre son los mismos nombres los que figuran en las exposiciones de los centros de arte y museos de todo el mundo y los que aparecen en las páginas de las revistas internacionales.



Todo es posible, menos elaborar juicios críticos sobre el arte

Una propuesta artística cobra relevancia si los agentes con capacidad decisoria en
el sistema del arte se ponen de acuerdo sobre la conveniencia de otorgarle visibilidad



No hay que ser demasiado clarividente para descubrir quiénes son los perdedores de esta lógica perversa: los críticos que intentan conservar una opinión verdaderamente independiente. Por desgracia, intentar oponerse al consenso significa situarse en posiciones marginales o periféricas. Los críticos que pretenden erigirse en voces discordantes Ñüya sea defendiendo a artistas no reconocidos por las instituciones o, bien, poniendo en entredicho las propuestas de los creadores legitimados por el sistema del arteÑü acaban siendo ignorados o ninguneados. Y lo que es peor, dichos críticos ni siquiera poseen los instrumentos adecuados para defender sus opiniones. Carentes de un marco conceptual estable, son incapaces de articular argumentos razonables que permitan poner en cuestión el consenso general. Por ello, sus críticas acaban cobrando la forma de invectivas, de comentarios o, en el peor de los casos, de meras descripciones. El crítico independiente se asemeja en algo al David del Antiguo Testamento, quien debe enfrentarse al gigante Goliat en una lucha desigual. El problema es que para combatir contra su poderoso enemigo no podrá contar ni tan sólo con una honda y una piedra. En esas condiciones, jamás logrará derrotar a Goliat.


Veure nota al peu Arthur C. Danto. Después del fin del arte, Barcelona, Paidós, 1999, p. 136. Volver

Veure nota al peu Afirma Danto: “No es sorprendente, sino simplemente chocante, reconocer que la analogía política del modernismo en arte fue el       totalitarismo, con sus ideas de pureza racial y su proyecto de expulsar todo lo que se percibía como contaminante.” Arthur C. Danto:       Op. cit., p. 92. Volver
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