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TRABAJO ARTÍSTICO.
PROCESOS, PROYECTOS, BECAS Y AYUDAS |
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Todas las semanas durante los meses de julio y septiembre se presentarán en
el CASM los trabajos de los artistas que han obtenido becas Guasch-Coranty
durante los 2 últimos años: una iniciativa de la Universitat de Barcelona destinada
al desarrollo y a la producción de proyectos artísticos. Publicamos un texto de
Martí Manen, que últimamente ha reflexionado sobre los sistemas públicos de
ayuda al arte, donde defiende la necesidad de un sistema público de fuerte apoyo
al arte y la creación contemporánea. Y, al mismo tiempo, señala la exigencia de
una sociedad civil que lo defienda, justamente por la dimensión política y educativa
del arte en la formación de individuos críticos. Por eso es por lo que es necesario
establecer un sistema apropiado de becas que no instruya artistas funcionarios,
sino que abra el camino hacia la profesionalización.
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| MoMu & NoEs. Mi dispiaci signor Ministro di Sicurezza, 2005 |
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MARTÍ MANEN
En una sociedad basada en el producto, el
resultado, el beneficio y la rentabilidad, nos
encontramos con la presencia de varias esferas
donde se plantean o donde parece posible
plantear otras dinámicas de trabajo. El arte
contemporáneo sería una de estas esferas.
Una esfera donde el resultado deja de ser
caudal, donde la resolución formal de la obra
de arte podría siempre ser otra, donde la
discusión es un elemento definitorio de la
creación. El hecho de incorporar el receptor
en el proceso de creación artística ya denota
un deseo hacia la inestabilidad, hacia la posible
modificación y también hacia la creación
colectiva de un campo de opinión. El trabajo
artístico evoluciona y se mantiene activo
mientras se establece este diálogo con el
usuario, participando en esta inestabilidad
que no lo estanca como producto definido y
finalizado.
El trabajo artístico no suele responder a las
estrategias laborales del mercado. El resultado
es algo de difícil visualización en muchas de
las etapas del proceso artístico y, en algunas
ocasiones, no es nada más que una excusa
para desarrollar un proceso de trabajo y una
investigación libre. También aparece la
necesidad de cerrar el proceso en algún punto
para presentarlo y para buscar interacción y
diálogo con el usuario.
El proceso del trabajo artístico también
responde a las necesidades de un sector donde
la presentación de la obra es un elemento clave
para definirla. La presentación del trabajo
artístico ha sido básica en el hecho institucional.
Tradicionalmente, en la presentación se ofrecía
un resultado cerrado huyendo de la posibilidad
de entender la misma presentación como parte
del proceso. Es por este motivo –la definición
clásica de la institución artística como
institución de presentación– que la presión, el
apoyo, los intereses y el capital se han
priorizado en esta área.
Nos encontramos, sin embargo, en una situación
donde la institución se convierte en varias
instituciones, donde hemos pasado de priorizar
la presentación a entender la necesidad de un
tiempo para la producción, a reformular las
formas de presentación y a plantearnos la
distribución como una continuidad natural de
una primera –y no única– presentación. En la
parte de producción, no hay duda que el artista
realiza una tarea creativa y que puede tener
control (si lo desea) sobre lo que está sucediendo
creativamente. En el momento de la
presentación, ya con menos control, el artista
también puede decidir qué grado de interacción
quiere tener con el usuario o el receptor. En la
distribución, esto parece más discutible (aunque
encontramos ejemplos de voluntades de creación
artística en el campo de la distribución).
De todas formas, el trabajo en proceso
conjuntamente con la participación del usuario
convierte la producción artística y su
presentación en plataformas por el diálogo, la
crítica y la reformulación. Simplemente por
esta posibilidad, el valor social del campo
artístico es elevado. En una situación donde
el sistema político es visto por la población (si
hacemos caso de las estadísticas) como un
espectáculo con elementos importantes de
patetismo y donde el sistema educativo continúa
estando formulado por estructuras jerárquicas
que difícilmente incorporan un diálogo
transversal, la posibilidad de que el campo
artístico sea también político y educativo obliga
las herramientas de la sociedad civil, por su
propia salud, a permitir y facilitar su existencia.
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El arte es una herramienta de la sociedad civil
La cultura, con el arte contemporáneo, es una
herramienta de la sociedad civil. Es una
herramienta de definición más allá de las
estructuras jerárquicas del mismo sistema. La
política y los gobiernos son también
herramientas de la sociedad civil para
administrar la sociedad. El arte y la cultura
sirven para que la sociedad civil tome conciencia
de ella misma, para entender, por ejemplo, que
los gobiernos y las políticas son herramientas
que se deben utilizar y a las que no debemos
temer. Una cultura que sea soportada por la
sociedad civil no es una cultura dirigida. O nodebería de serlo. Es la diferencia entre entender
que los gobiernos administran el capital de la
sociedad o que son estamentos suprasociales
a los cuales es imposible acercarnos y aún
menos realizar una crítica sobre ellos desde
dentro del mismo sistema. |
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| David Bestué. Incidentes, 2005 |
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A menudo nos encontramos con propuestas,
desde cualquier punto del abanico político, que
proponen eliminar ministerios, departamentos
u otros estamentos oficiales de cultura. En
algunos casos se habla de la imposición que
estos organismos suponen, de dirigismo
innecesario o, como comentaba Rafael Argullol
en un artículo en El País del 3 de mayo de este
año, del gasto económico que podría aplicarse
en otros campos. Argullol apunta que si se
invirtiera el dinero público que se gasta en
cultura y arte en educación, los individuos no
necesitarían que se les explicaran conceptos
identitarios e ideológicos de forma doctrinaria.
También se descifra, en el artículo de Rafael
Argullol, que el hecho de invertir dinero en
cultura convierte los ministerios o
departamentos en jueces con poder para
decidir qué y quién es merecedor de apoyo.
Es innegable que hay que hacer un
replanteamiento de lo que significa la educación,
y que se necesitan más recursos para ofrecer
una educación pública de calidad, pero quizás
ya sería más discutible la propuesta de no
invertir capital público en el sector cultural.
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| Jordi Ribes. Los siameses invisibles en el campo, 2005 |
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| Telmo Moreno. Acting, 2005 |
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No es necesario comentar que para mantener
el contexto artístico hacen falta recursos, que
creadores, mediadores y críticos, instituciones
y otras plataformas realizan trabajos que,
como tales, deben ser remunerados. Pensar
en la eliminación del apoyo público al arte
contemporáneo supone dejarlo en manos del
sector privado, o supone pensar que no se
trata de un sector que se pueda considerar
profesional. Si se piensa en amateurs o figuras
románticas, después no podremos exigir cierto
grado de calidad. Y si la sociedad civil se
desentiende de la producción cultural, será la
misma sociedad civil la que perderá uno de los
espacios de definición y crítica interna.
El arte contemporáneo no es una presentación
de tópicos y resultados, más bien se trata de
una arena para la construcción crítica, con
todo lo que esto supone. Tampoco hace falta
recordar que lo que es público puede asumir
unos ritmos y un grado de investigación y
experimentación que difícilmente se encuentran
en el sector privado. El sector público, con todo
el control político que podemos reprobar, puede
ser juzgado por la sociedad civil y debe ser un
interlocutor en un diálogo sobre el
funcionamiento del contexto artístico, puesto
que esto forma parte de sus responsabilidades,
mientras que el sector privado no necesita
plantearse en términos globales
(independientemente de que algunas propuestas
hechas desde el sector privado lo hagan).
Becarios
Y hablando de ritmo de trabajo y de
experimentación, hablando de recursos y sector
artístico, es interesante hacer una observación general sobre cómo se reparten y gestionan
los recursos y qué parte de estos recursos
responde al trabajo de los creadores. También
es interesante ver qué “forma” adoptan.
Una de las formas habituales es la beca. Las
becas requieren un trabajo a partir del
proyecto. Piden la definición de un supuesto
producto y marcan una temporalidad concreta.
Los artistas, los artistas jóvenes en especial,
acaban adaptando su sistema de trabajo a la
existencia de determinadas becas. Las fechas
de presentación se convierten en los auténticos
definidores de los calendarios creativos. Y esto
es interesante y peligroso: interesante porque
los creadores entienden que el trabajo necesita
una producción y que alguien puede
responsabilizarse de él y porque la cultura del
proyecto es el sistema más habitual de trabajo
en el contexto artístico; peligroso porque se
puede crear un campo “profesional” ficticio.
Las becas solucionan la precariedad del
momento hasta la siguiente beca. El ritmo de
trabajo se convierte de nuevo en el propio de
una cadena de montaje con el agravante de
que la beca no da ninguna seguridad laboral.
Con las becas y ayudas no se soluciona la
problemática de los creadores. Es una ayuda
temporal, no hay que dudar |
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de ello, y tenemos que estar agradecidos de que existan, pero por su
eficacia las becas necesitan algo más que ser otorgadas. Es necesario el trabajo de presentación y distribución: es necesario que la beca o la ayuda sea un camino real hacia la profesionalización. En una imagen ideal, si llega la profesionalización, ya no será necesario seguir pidiendo becas por el hecho de que el mismo sistema artístico financiará el trabajo del creador.
Hay buenos ejemplos de continuidad de trabajo, de entender que otorgar becas es el inicio de un recorrido, que implica un proceso que se alejará del proyecto artístico en sí y que supondrá el trabajo en campos como el de la presentación y la distribución, realizando evaluaciones críticas en cada situación. Evaluaciones que hay que realizar colectivamente, entendiendo que el creador forma parte de la estructura de trabajo y que no sólo está allí para juzgarlo y ver si vale la pena otorgarle pequeñas becas y ayudas. |
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