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WEST BARCELONA
Hemos transcrito, del original alemán, la conferencia que Veit Loers, con motivo de la presentación del Consulta Franz West sin Franz West, ofreció el pasado 15 de marzo. Veit Loers analiza y celebra la recuperación de lo que él llama la carnavalización en el arte. Es decir, la recuperación de la mofa, lo grotesco y el sentido de humor como instrumentos con los que realizar una aproximación crítica a la realidad y al propio arte. Así, Franz West es tomado por Veit Loers como paradigma de la renovada vigencia de lo grotesco y el sentido del humor en arte.


Vista general de Franz West sense Franz West
Vista general de Franz West sense Franz West
VEIT LOERS
¿De qué queréis que os hable hoy? De Franz West, del humor de Franz West, de la carnavalización del arte o de Franz West sin Franz West. Pienso que debemos hablar un poco de todo. Es evidente que esta presentación también hubiera sido posible sin Franz West. Tampoco empieza ni con Dieter Roth ni con Kurt Schwitters, sino que se remonta a la prehistoria de la humanidad. Sólo es que en algún momento estaría mal vista, pues se consideraba que menospreciaba la dignidad del arte. Generalmente se utilizaban técnicas de impresión antiguas para expresar el humor, ya que así era más privado que una imagen orientada hacia finalidades representativas. Pero El Bosco ya podía permitirse la libertad de representar elementos cargados de humor, o por lo
menos grotescos, en temas importantes como el Apocalipsis o el Día del Juicio. Aquí ya puede observarse que el humor siempre aparece relacionado con otros elementos. Lo grotesco también tiene algo de inquietante. Las obras neerlandesas de este género y posteriores a Brughel, en las que puede verse gente bebiendo, comiendo, vomitando y meando, aparecen bajo temas y presagios morales. Se presentan como alegorías de los siete pecados capitales para poder permitir la representación.

El siglo xix fue un siglo muy patético respecto al humor. Por ello, artistas como Grandville se dedicaban, sobre todo, a los grabados. El caricaturista alemán Wilhelm Busch pintaba también paisajes repletos de expresividad, sin rasgos humorísticos. Y la Vanguardia empezó, en un primer momento, sin el humor que, con el nombre de Dadá o Dadaísmo, no se desarrolló hasta pasada la Primera Guerra Mundial como forma de antiarte cínico.

Durante la Vanguardia de posguerra el humor tampoco fue solicitado en absoluto. No fue hasta el principio de los años sesenta con el movimiento artístico del Fluxus que empieza una desfiguración y una costumización de las ideas artísticas. En el Accionismo vienés fue sólo Otto Mühl quien dejaba lo grotesco y el humor en sus acciones, una versión de comedia del humor del neodadaísmo, que ya en los años cincuenta rendía homenaje al Grupo de Viena, con Gerhard Rühm, Oswald Wiener, Konrad Bayer. En la Viena accionista o, mejor dicho, postaccionista, en la que encontramos el actual Helmut Qualtinger y más tarde también el artista Dieter Roth, Franz West desarrolló una versión muy particular del humor con sus “Paßstücke” (formas libres, indefinidas y transportables que pueden colocarse en el cuerpo).

“Llamo arte a los Paßstücke con sus cuerpos atrevidos y adecuados (el arte es aquello que los que entienden un poco dicen que es arte). Y el aumento intenso de su recepción proporciona movimiento a estos objetos, un movimiento que tiene percepción, en su relación con el arte a través de muchos niveles, como una percepción pasiva, basada en asociaciones repletas de clichés, una percepción activa que se ocupa del funcionamiento del objeto y, finalmente, una percepción medial, desde la que partimos (lenguaje popular) hacia el mundo del arte, de manera ideomotora, en una palabra: los Paßstücke actúan como motor para los procesos de movimiento en una utilización no presentada.” (1983)

¿Y qué significa esto? Franz West utiliza el mismo lenguaje intelectual del discurso intelectual que también encontramos de un modo exagerado en los teóricos del arte y lo utiliza para reírse de él. De hecho, lo que pronuncia son tautologías, pero al mismo tiempo son explicaciones de sus “Paßstücke”. En palabras sencillas. Las piezas con las que West dio a conocerse no son arte hasta que no se unen con el cuerpo humano y con los movimientos que el cuerpo realiza. No es que se produzca una especie de “performance” para una tercera persona, sino que el“ Paßstücke” traslada el usuario al mundo del arte, convirtiéndolo en parte de él. Este mundo, con sus propias leyes que lo hacen avanzar, lo encontramos sobre todo en sus collages; West ha seguido esta idea de penetrar en el ámbito del arte por parte del observador de manera consecuente, sobre todo con sus muebles, los sofás y las sillas, que en realidad no son muebles reales, sino modelos para un mundo artístico en el que reinan otras leyes. Pero también en sus otras obras, las esculturas de papel maché y las de aluminio se basan en los principios de las figuraciones miméticas del propio artista o de otras personas que adoptan una postura grotesca respecto a su entorno, un entorno que es un parque de esculturas o el museo. Porque el mundo del arte en el que nos quiere introducir West también es el mundo 13 del humor, de la ironía, del sarcasmo y de todo lo grotesco. Está claro que el humor es un arma contra la seriedad exagerada en el arte y en la vida y, en el caso de West, también tiene condiciones personales en las autoritarias estructuras de la familia y del estado austriaco. Hay que añadir que el hermanastro de West, Otto Kobalek, era cabaretero y amigo del conocido cabaretero Helmut Qualtinger.

En el humor de West encontramos casi todas las relaciones que Sigmund Freud describió en su libro El chiste y su relación con el inconsciente: el mecanismo del deseo, el chiste como proceso social y la relación del chiste con el sueño y con el inconsciente. Existe humor en el modo como West empieza sus obras, en el juego que practica con los coleccionistas, las instituciones, las galerías y otros artistas. La exposición que realizó en mi antiguo museo en la ciudad alemana de Mönchengladbach la llamó Objetos esporádicos, hacia otra recepción. Se trataba en parte de camas y asientos que ilustraban que la recepción del arte tiene que producirse mientras estamos sentados o echados. Unas de las primeras esculturas de West, y también una de las más importantes que pueden verse actualmente en el MACBA, Vista general de Franz West sin Franz West

Veit Loers
Veit Loers Dieter Roth, Soloszenen, 1997
es una cita, una cama recubierta de papel de aluminio y papel maché en la que West ha dormido durante mucho tiempo. West la declaró obra de arte en un estado altamente conocido y representa una especie de Richard Serra al estilo de West. La realización de elementos del lenguaje en otro contexto, las reglas de la semiótica y la tautología de las reglas... todo ello tiene mucho que ver con los juegos de palabras de Ludwig Wittgenstein, el conocido filósofo vienés, del que se ocuparon tanto West como Sigmund Freud. Pero lo que especialmente ha impresionado a West es la teoría estética del teórico de la literatura ruso Michail Bachtin, que se dedicó al estudio de obras de Rabelais, Cervantes, Dostoievski y Gogol. Él habla de la carnavalización del arte tomando como base fiestas romanas como las lupercales y las saturnales, donde, en una especie de mundo al revés, eran los señores quienes servían a los esclavos y por las calles y plazas de Roma reinaba una animación carnavalesca que ha caracterizado la cultura del reír y el carnaval de la edad media y de la edad moderna. Durante la edad media se entendía por reír el reír ritual, la “parodia sacra”, cuando se reía en los entierros, o el“ risus paschalis”, en los que los predicadores, entre otros, ironizaban sobre los evangelios mediante bromas y parodias, alterando el orden religioso. Cualquier género, se tratase de una plegaria, un pensamiento o una canción tenía su contraposición irónica y burlesca, desde el obispo infantil y la liturgia de los bebedores hasta la liturgia del dinero. Según Bachtin, en el diálogo se unen el monólogo artístico estatuario y el carnaval espontáneo como sistema semiótico y abierto hacia la metamorfosis. Los fenómenos de esta cultura del reír son la liberación de la posición jerárquica, la excentricidad y la desnudez de todo el mundo.



El mundo del arte en el que nos quiere introducir West también es el mundo 13 del humor,
de la ironía, del sarcasmo y de todo lo grotesco.

El humor en el arte siempre es una señal de que las relaciones no cambian,
que nos adaptamos oponiéndonos a ellas en silencio.



Incluido en los fenómenos de esta cultura del reír también hallamos la figura del embaucador, que C.G. Jung introdujo en el mundo de la psicología en su libro Los arquetipos e inconsciente colectivo. Este embaucador o astuto, que la mitología griega ha representado en la figura de Hermes y la mitología nórdica, en la figura de Loki, es un arquetipo que entretiene el ser humano cultural actual, pero que también le asusta, porque es imprevisible. El engatusador actual es un artista como Martin Kippenberger, Paul McCarthy o Maurizio Cattelan. La carnavalización de Franz West es la relación fundamental de la obra de arte, la cooperación y la participación, pero también el trabajo en la parodia y en los híbridos como reguladores de un concepto de arte que va en contra de una estética socialmente protegida, que remueve sus tabúes, pero no cuestiona completamente sus reglas.

Eso también ocurre en el caso de los otros artistas que vemos en Franz West sin Franz West, con vídeos, en Internet o con documentaciones de catálogos. Se han formado de nuevo a partir de la citada postura del movimiento del Fluxus de los años sesenta y setenta, de Fontana, Manzoni a Broodthaers, Artschwager y Dieter Roth. Pero no debemos olvidar que a menudo las formulaciones más importantes son las que contienen elementos de humor en sentido figurado, como es el caso de los One-Man-Movements de Bruce Nauman en su estudio, de Vito Acconci o del holandés Bas Jan Ader. Veréis en el vídeo de este proyecto y quizá en el vídeo de las escenas en solitario de Dieter Roth o el vídeo de Rosemarie Trockel que todavía entra en juego un lado opuesto oscuro. En el caso de Roth, la soledad en su armazón y, en el caso de Trocker, la aparición de un mundo grotesco y de cuento de hadas. En las secuencias fotográficas de Peter Piller, sólo la combinación de temas iconográficos idénticos crea la comicidad de la situación. El humor es un juego con las reglas de la película, de la convención artística, de la propia existencia, etc. Es tan amenazador como la obsesión. Mike Kelley es el maestro de lo inquietante, que según Freud surge de lo familiar/secreto, donde el humor se transforma en lo inquietante y lo terrorífico puede convertirse en ridículo.

Si recuperamos la idea de la carnavalización de Bachtin, tanto el teatro como la comedia, así como la participación, juegan un muy importante papel. Nos podemos sentar con toda normalidad sobre los canapés de Franz West decorados con tejidos africanos que están en el vestíbulo del MACBA y mirar los vídeos. Al mismo tiempo, nosotros mismos producimos un efecto algo ridículo en este conjunto. ¿Por qué? Porque los sofás soldados de acero y con grotescos tapizados minan el espíritu orientado hacia la perfección de la arquitectura moderna. Pero también porque aumenta la reivindicación del arte. Al principio he utilizado una cita de West:“ El arte es lo que los que entienden un poco dicen que es arte”. Además,

Veit Loers
Veit Loers Dieter Roth, Soloszenen, 1997
hay que añadir que los tejidos africanos proceden de Holanda y que han sido elaborados por diseñadores holandeses para el mercado africano. El filósofo Slavoj Zizek nos recuerda que, al contrario de lo que ocurre en una tragedia, en una comedia los actores no sólo representan un papel, sino que también están presentes como actores reales, cosa que permite que el mundo hipostasiado en el que nosotros, como espectadores, nos trasladamos, de repente tiene que ver con nosotros. Eso se llama cómica de la situación. Cuando en 1806, tras la batalla de Jena, Hegel vio cabalgar a Napoleón por las calles de la ciudad en la que él enseñaba filosofía, dijo: “El espíritu mundial se sienta sobre un caballo”, una constatación que, por un lado, describía de un modo visionario la importancia del emperador en la historia mundial, pero que, por otro lado, era locamente cómica, porque el símbolo abstracto de la aclaración ahora de repente podría verse cabalgando sobre un caballo. En el caso de Martin Kippenberger, la participación sólo es un requerimiento, él mismo se ha retirado y finge ser el perdedor. La red de comunicación de sus entradas del metro sólo es una fanfarronada, un triste testimonio de la resignación que construye pueblos de Potemkin. El taller de Spiderman, en la Colección Herbert en el MACBA, representa al artista como un Spiderman triste en la habitación de estudiantes de la que procede esta figura de cómic. Está vinculada a una noticia de prensa según la cual las arañas que se encuentran bajo los efectos de las drogas tejen telarañas distintas de las normales. Por eso hay carteles en los que se ha escrito nombres de drogas. El arte de Kippenberger es una droga que se opone al mundo normal.


El humor en el arte siempre es una señal de que las relaciones no cambian, que nos adaptamos oponiéndonos a ellas en silencio. El año 1968 casi no ofreció arte repleto de humor o ironía porque se estaba trabajando en el cambio. Ahora, en tiempos del capitalismo ininterrumpido, el humor vuelve a tener coyuntura en el arte. La ironía no siempre 15 tiene que estar en un gabinete cualquiera, sino que, como es el caso de Marcel Broodthaers, puede referirse al museo, acercarse de repente hacia el centro. Entonces es cuando los niños no pueden entrar en el museo, el vigilante del museo se convierte en un camellero y, en vez de arte, se exponen palmeras y cañones.

El humor es liberador, pero también puede salir muy caro. Eso ha podido verse con las reacciones de los islámicos frente a la caricatura danesa del profeta Mahoma. Y es fácil de prever que, en el futuro más inmediato, una obra maestra del humor figurará en la lista de récords de todas las subastas. En estos casos, hay que proteger al humor.
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