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SÍ, ¡ES LA ECONOMÍA!
Durante el mes de mayo se presentará el libro Capital!, resultado de las jornadas de trabajo y reuniones que bajo el mismo título dirigió durante el año pasado Amanda Cuesta y que abordan la relación entre dinero y arte. Precisamente a propósito de esa relación publicamos un texto de Florenci Guntín, Secretario General de la Asociación de Artistas Visuales de Cataluña, en el que aborda asuntos como la necesidad de un código de conducta y los vínculos entre dinero público, responsabilidad y arte.


FLORENCI GUNTÍN


El gasto total consolidado en artes visuales en el Estado español o, dicho de otra manera, el volumen económico del sector durante el ejercicio 2002-2003 fue de 1.469 millones de euros. Este es uno de los principales indicadores sobre el impacto económico directo del arte que recoge el trabajo Estudio sobre la dimensión económica de las Artes Visuales, que han elaborado las empresas ARTImetria y Urbmedia por encargo de la Fundación Arte y Derecho y la Asociación de Artistas Visuales de Cataluña y que publicarán próximamente. Una segunda parte de este trabajo hace una aproximación al impacto económico indirecto o inducido a través del estudio de casos.


Impacto directo
La parte empírica de este trabajo describe la cadena de valor del sector. Por sub-sectores, el ámbito de la formación —que incluye el bachillerato artístico, la enseñanza reglada y el universitario (Bellas Artes y Historia del Arte, postgrados y másters) ocupa a 5.525 docentes que imparten materias a 79.937 alumnos y mueve 253 millones de €. Hay 11.236 artistas con unos gastos de personal de 40 millones de €. La difusión (salas y centros de arte) da trabajo a 687 personas, convoca a 793.961 visitantes y mueve un volumen de 195,5 millones de €. El mercado del arte (galerías y salas de subasta) ocupa a 1.636 personas y genera el 10% de la economía del sector (145 millones de €). El apartado de los museos de arte recibe a 15.136.874 visitantes, cuenta con 3.852 trabajadores y con 423,21 millones de euros (un 90,5% proviene de la administración) es el ámbito con más peso económico. Finalmente, las 413 administraciones públicas (entre ayuntamientos de más de 25.000 habitantes, diputaciones, gobiernos autónomos y administración central) tiene 3.270 funcionarios adscritos a las artes visuales y gasta 411 millones de €.


Impacto indirecto
Empezamos a disponer de datos sobre la economía satélite —o impacto inducido— en el ámbito del arte contemporáneo. La activación económica de algunos equipamientos artísticos sobre su entorno más próximo se ha traducido en cifras y porcentajes que vienen a demostrar empíricamente aquello que hasta ahora eran intuiciones o conjeturas. Algunos ejemplos: las altas del Impuesto de Actividades Económicas en el Raval norte (zona MACBA) entre los años 1996 y 2002 experimentaron un incremento del 16%, casi 5 puntos por encima de la media de Barcelona. El alta de servicios culturales y de ocio en aquella parte de Ciutat Vella subió un 110,4% y la de los profesionales del arte y el espectáculo un 220%. Si la media de aumento del precio de los pisos en Valencia, durante el periodo 1996-2001, se situó en el 45%, en el barrio del Carme (donde está situado el IVAM) el aumento fue del 75%, treinta puntos por encima. Un 55% de media de las entradas a nueve museos estudiados son turistas. El gasto medio diario de un turista es de 84,26 €. Su aportación económica, por lo tanto, se puede estimar en 156 millones de euros anuales.


Más recursos y mejor gastados
El conocimiento de la estructura económica de las artes visuales, junto al análisis de sus Activos Intangibles (capital intelectual) y de su Capital Social (las redes, las normas y la confianza que permiten la acción y la cooperación para el beneficio mutuo), son nuevos instrumentos imprescindibles y de un gran valor para abrir nuevas formas—estrategias, programas, acciones— de activación y desarrollo económico de las artes.


Uno de los retos más importantes del futuro Consejo de las Artes
de Cataluña será el de afrontar la dimensión económica de la cultura en
los términos que apuntan los expertos.


Esta nueva mirada sobre la dimensión económica de las artes no es ajena a aquello que los expertos internacionales apuntan: el potencial de desarrollo económico del conocimiento —y el arte es una de sus formas—es la clave y los poderes públicos, las empresas, la universidad y los creativos deben forjar alianzas y establecer apuestas estratégicas. Si queremos forjar una alianza, nos hace falta, en primer lugar, sabernos explicar y aumentar la confianza y la cooperación entre los diferentes sectores. Nos hace falta, a continuación, aumentar los fondos públicos y privados. Hace falta atraer más recursos para aplicarlos en la mejora de la formación de la ciudadanía en general y de los profesionales en particular. Impulsar programas de Investigación + Desarrollo + Innovación que den alas a los creadores, frenen la fuga de cerebros y atraigan a los de fuera. Activar el mercado con valientes medidas de incentivos fiscales, abrir vías para nuevos apoyos y prácticas, etcétera.


Mejorar el gasto o gastar mejor quiere decir instaurar nuevos modelos de gestión de los recursos públicos y de las competencias en materia cultural. Nuevos modelos basados en criterios de excelencia, rigor, transparencia y evaluación continua. Programas a medio y largo plazo o, dicho de otra manera, protegidos de las contingencias electorales y de los sectarismos políticos. Otra manera de hacer que traslade las decisiones técnicas o científicas a la sociedad civil. En este sentido, en Cataluña estamos bien situados y en condiciones de abordar un cambio histórico con la próxima puesta marcha de un verdadero Consejo de las Artes. Tal vez, uno de los retos más importantes del futuro Consejo de las Artes de Cataluña será el de afrontar la dimensión económica de la cultura en los términos que apuntan los expertos.


Las Buenas Prácticas profesionales en el sector artístico
Pero debemos volver de nuevo a las estadísticas para enfocar un aspecto preocupante: la situación económica de buena parte de los artistas y de otros agentes free lance (comisarios, críticos, historiadores, etc.). Una situación alarmante que presenta índice de precariedad y que tendría que afrontarse con carácter urgente y simultáneo a algunos de los planes apuntados más arriba.


A pesar de que en el Estado se calcula que hay 11.236 creadores, sólo la tercera parte (3.998) se pueden considerar ocupados a tiempo completo. Un 52,7 % de los artistas visuales obtiene menos de 375 € mensuales por su actividad, cuando la media interprofesional es de 1.440 €. La inseguridad jurídica en la que ejercen su trabajo es abrumadora debido a la inexistencia de contratación por escrito.


Las cifras nos muestran la fotografía de una escena conocida por sufrida pero nunca hasta ahora tan definida. Urge, en primer lugar, cambiar un estereotipo: el artista no puede vivir de la ilusión, nadie vive de promesas de futuro. La mayoría de los mediadores (públicos y privados, con o sin ánimo de lucro) se han provisto de contenidos artísticos —sin los cuales sus instituciones, actividades, festivales, publicaciones o páginas web no tendrían el menor asomo de sentido— con un coste económico cero. Contenidos gratis: coste de producción cero, remuneración por el trabajo o el servicio prestado cero. En muchos casos el artista incluso se ve obligado a invertir recursos propios, obtenidos de otras actividades o de su entorno familiar, para hacer posible la difusión social de su obra, confiando en que, tarde o temprano, recuperará la inversión con la entrada al circuito del mercado del arte. Por si no fuera suficiente, últimamente aparece entre algunos mediadores —y desde sus organizaciones profesionales— una resistencia al reconocimiento de los derechos morales y económicos de los artistas directamente proporcional a la consolidación de la entidad de gestión colectiva de derechos de los artistas (VEGAP). La escena artística no se puede mantener sobre estas premisas. En este sentido, el establecimiento de códigos de relaciones más justas y equilibradas basadas en indicadores de Buenas Prácticas profesionales podría ser el instrumento para modificar y hacer económicamente sostenible la base sobre la cual descansa y crece el mundo del arte.



El potencial de desarrollo económico del conocimiento —y el arte es una
de sus formas— es clave y los poderes públicos, las empresas,
la universidad y los creativos deben forjar alianzas y establecer
apuestas estratégicas.

Urge cambiar un estereotipo: el artista no puede vivir de la ilusión, nadie
vive de promesas de futuro.


La publicación de Capital! (editado por el CASM y conducido por Amanda Cuesta) y del Estudio sobre la dimensión económica de las artes visuales, los programas del nuevo Centro de Innovación y Desarrollo Económico de las Artes (CIDEA-AAVC) con el apoyo, entre otros, del ICIC, la constitución de la Fundación Cultura Barcelona (ICUB), el creciente interés de la Cámara de comercio de Barcelona por la economía de la cultura, son algunos exponentes de una nueva y necesaria mirada sobre las estructuras económicas del mundo del arte que, sin el menor asomo de duda, generarán nuevos instrumentos de cambio y progreso.
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