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ALGUNAS VECES SE PIERDE Y OTRAS
SE DEJA DE GANAR |
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Magalí Arriola (crítica de arte y comisaria afincada en Los Ángeles) pronunció una conferencia el pasado mes de noviembre en el contexto de La Reraguarda.
En el espacio de Consulta del CASM, La Reraguada fue un intento de Eduardo
Pérez Soler, comisario del proyecto, por documentar las voces críticas que desde
diferentes sectores se alzan contra el arte contemporáneo.
La conferencia de Magalí Arriola formó parte de un ciclo, con Jordi Ibáñez y
Félix de Azúa, en el que le tocó el papel de “defensora” o, como mínimo, implicada,
en arte contemporáneo. Reproducimos un resumen de esa conferencia que, de
hecho, va más allá de una mera defensa e introduce cuestiones como la
responsabilidad de la escritura sobre arte y por extensión de la crítica. Un tema,
que por su importancia y estado crítico, seguiremos abordando.
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MAGALÍ ARRIOLA Ante la multiplicación de las propuestas
artísticas que inundan las escuelas, las
instituciones y el mercado, las condiciones
de producción y recepción de una obra
hacen que cada vez sea más difícil, tanto
para el productor como el receptor, localizar
el margen de maniobra que permita que una
pieza trascienda el perímetro que delimita el
sistema en el que se inserta. La posibilidad de
tener una iniciativa suficientemente radical
como las que en algún momento se plantearon
las vanguardias operando desde posturas
marginales, y a contracorriente de la cultura
oficial, parece cada vez más remota. Y el que
dichas iniciativas, a su vez, puedan generar
una identidad cohesiva que ataña a un
público masivo generado por una cultura
mediática, raya en la imposibilidad. Pero
debe realmente de ser ese el motor que
impulse a las producciones artística? Antes
que enarbolar una postura nostálgica entorno
a la vehemencia combativa de las artes que
de manera paradójica trajo consigo su
fetichización y la veneración de su momento
histórico, quizás debamos preguntarnos si,
dada la situación actual, el arte aún debe
preocuparse por tener un impacto inmediato
sobre una audiencia potencial de manera a
protagonizar el papel estelar de su propia
trascendencia.
Más que imponerme la tarea titánica de defender la cooptación sistemática del arte por sus distintos espacios e instancias de legitimación abordando aquellos puntos que critican los llamados detractores del arte contemporáneo, quisiera dar por |
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| Gianni Motti. Nada por la fuerza, todo con la mente, 1997 |
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hecho que, en términos generales, nos encontramos ciertamente peleando una batalla perdida, sabiendo, además, que la historia rara vez la escriben los vencidos. Coloquémonos entonces por un instante en la posición fatalista del vencido, y asumamos que esa ya no es una pelea que librar. Que quizás ya no sea necesario debatirse en contra de la complejidad del sistema sino funcionar junto con él, como escribía Walter Benjamín, “pasándole a la historia el cepillo a contrapelo” para abrirse a la posibilidad de detectar aquellos espacios colindantes o paralelos al sistema desde los cuales podamos percibir la producción artística. El proceder a una relocalización constante de los parámetros a partir de los cuales se ponen en marcha las posibilidades críticas de una obra, permite desplazar nuestra atención de la presencia protagónica de la obra hacia las planteamientos intrínsecos que la informan y que funcionan como catalizador de nuevas consideraciones.
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En su libro Práctica de la vida cotidiana, Michel de Certeau establece una clara diferencia entre el concepto de táctica y el de estrategia. “Llamoestrategia -escribe- al cálculo de las relaciones de fuerza que se vuelven posibles cuando un sujeto de voluntad y poder (un propietario, una empresa, una ciudad, una institución científica) puede ser aislado de un “entorno”. (…) El racionalismo político, económico y científico ha sido construido sobre la base de este modelo estratégico. Por otra parte, llamo táctica al cálculo que no puede contar con un espacio propio (una localización espacial o institucional), ni por ende con una frontera que lo distinga del otro como una totalidad visible.” Sabemos, por supuesto, que el arte para ser reconocido como tal ha de tener una localización específica dentro de su propio ecosistema. Pero más importante es resaltar precisamente la diferencia que marca Certeau entre las nociones de tiempo y espacio.“Lo propio es una victoria del espacio sobre le tiempo. Una táctica, por el contrario, puesto que no tiene un lugar, depende del tiempo- siempre está buscando oportunidades que asir en el momento. Gane lo que gane, no se lo queda. Debe constantemente manipular los eventos para transformarlos en oportunidades.”
Gianni Motti
Cuando el artista suizo Gianni Motti fue invitado
a Colombia en 1997 por Maria Inés Rodríguez
a presentar su Gabinete de sicoanalista, su
intervención derivó en la pieza titulada Nada
por la fuerza, todo con la mente. A lo largo de
las consultas que el artista extendió en el Espacio Vacío, en Bogota, notó que la mayoría
de los clientes que acudían a él para contarle
sus malestares y preocupaciones cotidianas
se quejaban del desempeño del entonces
presidente Samper. Motti decidió escribir un
mensaje al presidente proponiéndole una
sesión de análisis, que fue publicado por un
periódico de oposición, El espectador, que se
interesó en el caso y decidió a apoyar la causa.
A falta de respuesta, y con el apoyo de varios
cientos de artistas y ciudadanos, Motti
decidió desestabilizar la posición de Samper
mediante una acción telepática frente a su
residencia intentando comunicarle la palabra“Renuncia”. Si bien la pieza tuvo como efecto
inmediato la salida de Motti del país antes que
la renuncia de Samper, la acción permaneció inscrita no sólo entre aquellos que participaron
en la acción, sino entre los que leyeron la
noticia a lo largo de varios días en la primera
página de la prensa local. Antes que
preguntarse si Samper tuvo acceso a los
periódicos aquella semana o si, en su defecto,
recibió el mensaje telepático, quizás sea más
importante, pensar en la manera en que un
gesto como éste puede permanecer en la
memoria colectiva como una iniciativa motivada
por la voluntad y el deseo popular.
Al referirse a algunos procedimientos mediante
los cuales una obra puede funcionar para
arraigar la creencia en la posibilidad de cambio,
obras e intervenciones como éstas abren la
posibilidad de que rumores improbables, gestos
improductivos y acciones perecederas, consigan
cimbrar las estructuras fundacionales que
articulan no solo la percepción de un hecho
artístico, sino también, de las posibles
consecuencias que este puede tener en la vida
cotidiana. Pareciera entonces que la repercusión
de las piezas y de algunas prácticas artísticas,
hoy, dependen más de la supervivencia de las
historias, mitos y leyendas que acompañan su
concepción y realización que del contacto
inmediato que podamos tener con ellas. Con ello
no pretendo fetichizar la palabra del artista,
sino por el contrario cuestionar, como
han hecho algunos artistas, el carácter mesiánico y
profético que con frecuencia de le atribuye a
su mensaje de manera a precisamente explorar
la capacidad de los planteamientos implícitos
en una obra para propagarse más allá de su
sistema e incidir dentro del imaginario colectivo.
El potencial de los gestos artísticos como
alegorías sociales apunta sin duda, más que
hacia algún tipo de redención espiritual, hacia
una combinación fluctuante pero concisa de
libertad y determinación que les permite
encontrar un punto de anclaje en la memoria
cultural. El que algunos artistas se hayan
abocado a detectar aquellos vacíos y oquedades
que aún ofrecen cierta movilidad en el ámbito
de lo político, lo económico y lo social, permite
pensar que aún existen espacios de posibilidad
en los que se puede afianzar nuestra credibilidad
en la producción artística.
Francis Alÿs
La contribución de Francis Alÿs a la Bienal de
Emergencia organizada por Jota Castro y Evelyne
Jouanno para restaurar el patrimonio cultural de
Chechenia, fue mandar un bordado de Alighiero
Boetti que había previamente cambiado a un
coleccionista por un dibujo propio. “Pensé que a
Boetti le hubiera gustado ver una obra suya
regresar a la tierra por la que había peleado uno
de sus ancestros” escribió Alÿs en una carta que acompañaba la pieza y su certificado de
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| Carta de Francis Alÿs, Bienal de Emergencia 2005 |
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autenticidad. Se trataba de Giovanni Battista
Boetti quien condujo la resistencia chechena contra
Catalina de Russia en el siglo XVIII. Más allá de
evocar la propia generosidad que caracterizó a
un artista como Boetti, el gesto de Alÿs también
nos lleva a especular qué es lo que hace que una
obra encuentre un lugar de residencia oportuno
o apropiado una vez que sale de las manos del
artista, y en qué momento se puede considerar
que ésta ha llegado a buen puerto.
Nada, por supuesto, nos asegura que la obra
Boetti vaya a permanecer para siempre en un
país devastado por la guerra civil pasando a
formar parte de su patrimonio cultural. Y quizás
también haya que preguntarse si el arte, sea cual
sea su formato, debe aspirar a una residencia
permanente. Al llevarnos a considerar las
dislocaciones y re-localizaciones de una obra, el
particular formato de la Bienal apunta hacia la
circulación de los bienes y valores culturales y,
sobre todo, a la manera en que el contexto en
que esta se presenta puede afectar su manera
de significar. Desde esta perspectiva, la
contribución de Alÿs opera también como un gesto
circunstancial, mas no definitorio, que sugiere
que los flujos de información y las condiciones de
sus desplazamientos, sean quizás más relevantes
que las propias obras que los contienen. |
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Domingo Malagón Alea
Para terminar quisiera cerrar mostrando un
homenaje tardío a Domingo Malagón Alea,
artista y falsificador de identidades durante
Franquismo. La placa de bronce que acompaña
una pieza de Mario García Torres, incluye una
cita del propio Malagón:
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Mirad como me han salido las cosas cuando
después de sortear no pocas dificultades
hubiera podido llegar a ser un artista de
éxito, si por éxito entendemos el
reconocimiento y el aplauso general del
público. Al final, no sé si he logrado ser
un artista. pero sí sé, desde luego, que el
éxito de mi actividad venía dado, al margen
de otras consideraciones técnicas, por el
logro de la mayor discreción posible.
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| Brodat d’Alighiero Boetti |
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Quizás podamos unirnos a la humilde causa
de un artista como Malagón, y pensar junto
con él que el generar nuevas figuras y
semblantes para aquello que ya existe, o para
lo que ha dejado de existir, constituye una
esperanza cuyos miramientos y reservas nos
pueden redituar, aún sin la notoriedad que
resulta del protagonismo feroz de la era del
espectáculo. El que algunas veces se pierda
y otras se deje de ganar no siempre debe de
implicar que tengamos que salir vencidos.
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