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Entrevista a Carles Congost |
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| Carles Congost ha mostrado durante todo el verano en el Centre d’Art Santa Mònica Memorias de Arkaran, una importante producción realizada con la colaboración del MUSAC. El también artista Antonio Ortega entrevistó a Carles Congost durante los últimos días de la exposición; es decir, con la distancia suficiente para poder reflexionar sobre qué ha supuesto para él afrontar esta producción. |
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ANTONIO ORTEGA
Háblame de la angustia que produce el hecho de tener que ser el responsable de una producción tan importante como la que has presentado en Santa Mònica.
Memorias de Arkaran es la producción más compleja de todas las que he realizado. No sé hasta qué punto era consciente de ello cuando propuse el proyecto, pero a medida que me iba adentrando en la producción fueron apareciendo las dificultades.
Quería trabajar con el mismo equipo que había utilizado en Un mystique determinado (2003), pero enseguida noté que no había tanta correlación entre los dos trabajos como había imaginado y que sería necesario un equipo más numeroso. Saber moverse entre tanta gente sin perder el hilo no es nada fácil. Hay que saber escuchar las propuestas y los consejos que vienen de fuera, pero también es muy importante no perder en ningún momento el sentido original de lo que planteas. Hay que mantener intacta la idea original.
Por otro lado, eres consciente de que hay un montón
de cosas que no se pueden prever ni controlar, pequeños
accidentes que hacen que constantemente tengas que
ir adaptándote a las nuevas situaciones, procurando
tomar siempre la decisión acertada. Es en
estos momentos cuando surge el sentimiento de responsabilidad
y el miedo a que no se cumpla ninguna de las expectativas
puestas en el proyecto. Al final, puedo decir que
este trabajo me ha obligado a superar bastantes miedos,
tanto personales como profesionales. |
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¿Tiene sentido hoy en día el acercamiento al terreno de la imagen y,
en particular, del vídeo desde un sentido puramente experimental? |
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¿Qué recursos utilizas para imponer tu criterio dentro del equipo de trabajo?
Como ya te he dicho, la mayoría de las personas que trabajaron en esta producción ya habían colaborado conmigo en proyectos anteriores. En este caso, no fue demasiado difícil imponer un criterio en particular porque nada les venía de nuevo y sabían en qué cuestiones soy especialmente insistente y en qué otras dejo hacer sin meterme para nada.
La mayoría del equipo lleva muchas horas de rodaje a sus espaldas, ya sea en el cine, en televisión o en publicidad. Su opinión respecto a mi forma de dirigir y de afrontar las situaciones no deja de ser chocante y, a la vez, bastante reveladora de la situación especial que se vive actualmente en el mundo del arte.
Para ellos, el mío es un funcionamiento insólito y poco ortodoxo, contrario, muchas veces, a la lógica de una producción cinematográfica, al menos tal y como se enseña en las escuelas. Esto me hace cuestionar la propia naturaleza de los proyectos audiovisuales propuestos por gente que, como yo, procedemos del mundo de las bellas artes y no del mundo de la imagen. ¿Tiene sentido hoy en día el acercamiento al terreno de la imagen y, en particular, del vídeo desde un sentido puramente experimental? ¿Estamos preparados muchos de nosotros para afrontar producciones que requieren unos conocimientos tan específicos? ¿Cuál tiene que ser la aportación del artista ante un proyecto de estas características?
El artista tiene que saber cómo adaptar sus ideas al formato que escoge y, por eso, es necesario que conozca y domine el lenguaje. De lo contrario, cae en el peligro de dejar en manos de un equipo anónimo cuestiones que afectan a la comprensión de las ideas que quiere expresar. Mi opinión es que muchos de los artistas plásticos pierden la precisión de su discurso –muy bien expresado en otros formatos– cuando se obstinan a trabajar en vídeo. El acceso a estos nuevos formatos provoca una gran fascinación, pero también hay un gran desconocimiento a la hora de afrontarlos. |
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| Carles Congost en el making off de Memorias de Arkaran |
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¿Cómo tomas las decisiones de presentación de la obra?
Puede que una de las características más relevantes de Memorias de Arkaran sea el hecho que se planteó como una triple proyección y no como una proyección monocanal; esto le otorga un carácter de instalación, ausente en mis trabajos anteriores. Esta decisión viene dada por las conversaciones mantenidas con Frederic Montornés (comisario de la exposición) sobre la voluntad de ocupar la sala y expandir el proyecto más allá de la temática o del argumento.
Siempre me ha dado bastante pereza pensar en mi trabajo en base a cuestiones relacionadas con el espacio expositivo y, quizás, es ahora cuando empiezo a valorarlas y a pensar en ellas como un recurso dramático a tener en cuenta. La mayor parte de mi trabajo no plantea demasiadas innovaciones de |
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formato y, en este sentido, no creo que requiera ningún tratamiento especial. Muchos de mis vídeos, por ejemplo, mantienen plenamente su sentido tanto si se ven desde una proyección como en una transmisión televisada. No hay demasiadas sorpresas. La idea general de mi trabajo está muy ligada a la cultura pop y pienso en su presentación no tanto como una escenificación o una puesta en escena determinada, sino más bien en una cuestión de difusión y público potencial.
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| Memorias de Arkaran es un trabajo de rotura y apertura. |
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¿Qué importancia tiene el comisario?
El comisario es quien debe decidir qué aspectos de mi obra quiere potenciar y cuáles no. A veces, incluso, es quien plantea la forma de hacerlo. A mí me gusta que se invente formas de presentar y plantear un trabajo, ya que me ayuda a descubrir nuevas formas de relacionarme con mis propias obras. Evidentemente, no todos los comisarios se acercan al trabajo de un artista desde el mismo punto de partida. Esto es lo que lo hace realmente interesante. En definitiva, me gusta la idea de que un trabajo pueda generar trabajo. ¿Qué imagen ideal tienes de lo que puede representar esta pieza dentro de tu carrera?
No tengo ninguna. Cada nuevo trabajo abre un diálogo particular con el espectador que es muy difícil de prever. Debe ir haciéndose un sitio poco a poco y debe ir situándose donde le corresponde. Es verdad que algunos trabajos necesitan más tiempo que otros. El feedback de una obra puede tener que ver con expectativas creadas a raíz de una pieza anterior. Y, a veces, estas expectativas se cubren a corto plazo, pero, otras veces, hace falta más tiempo.
Yo mismo mantengo relaciones extrañas con mis obras una vez terminadas. A menudo necesito que pase cierto tiempo para reconocerme en ellas. Por otro lado, siempre procuro que mis trabajos tengan diferentes niveles de lectura, que respondan a distintos intereses y a públicos muy diferentes. Reconozco que, en mi trabajo, hay una parte muy extrovertida que atrae a un determinado volumen de gente, y que asusta y crea confusión al resto.
Para mí, Memorias de Arkaran es uno de aquellos trabajos a los que podríamos llamar de rotura y apertura. Trabajos que abren nuevos caminos. De lo que estoy convencido es que expresa perfectamente la relación que tengo hoy en día con el medio. ¿Que quizás no es lo suficiente directo y, en algunos instantes, confunde? Probablemente sea así, pero es que no soporto los vídeos ingeniosos.
Es lamentable la imagen que a menudo se da del arte joven mediante el vídeo y la fotografía, reduciéndolo a una serie de pensamientos, gags de “vídeos de primera” y todo tipo de tonterías. No tengo nada en contra de la tecnología doméstica, ni del Low fino, al contrario. Pero el uso que hacen de él muchos de los denominados artistas jóvenes sólo me indica un nivel muy bajo de implicación y exigencia. En un momento en el que las imágenes son tan presentes, parece mentira que haya tanta dificultad para elegir entre lo bueno y lo malo y que estas bromitas y monadas sirvan para ganar becas y concursos y, lo que es peor, para montar festivales y maratones en nombre de una supuesta modernidad o un buen entendimiento generacional. Las nuevas tecnologías llevaron a una democratización de las prácticas artísticas, pero ya ha llegado el momento de ponernos exigentes y de no movernos sólo por la fascinación de los medios.
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No soporto los vídeos ingeniosos.... Ya ha llegado el momento de
ponernos exigentes y de no movernos sólo por la fascinación de los medios. |
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¿Tienes interés en que quede especialmente claro algún contenido?
Al principio me había planteado Memorias de Arkaran como una obra de teatro. La idea fue bien acogida de entrada, pero inmediatamente me surgieron las dudas. Especialmente cuando me hacían preguntas sobre la concreción de la pieza, que yo me veía incapaz de responder. Un proyecto como éste planteaba una serie de cuestiones que no entraban dentro de mis prioridades.
La traducción de la primera idea al formato de vídeo hizo que pensara en una instalación y no en un monocanal. Pienso que, de esta forma, se ha mantenido un aire bastante teatral que se ha ido potenciando por el hecho de no utilizar localizaciones, por la utilización especial de la luz en la creación de los planos y, sobre todo, por la colaboración con el diseñador alemán Bernhard Willhelm.
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| Carles Congost en el making off de Memorias de Arkaran |
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¿Y ahora, qué?
Quiero concentrarme en aquellos procesos que tienen que ver con la preparación de una obra como ésta. Me gustaría cuidar más todo lo que forma parte del taller: los dibujos, las anotaciones, las maquetas; en definitiva, la parte más íntima del proyecto. Hasta ahora, el hecho de poner en marcha un nuevo trabajo ha representado salir a la calle para contactar con unos y otros.
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