Bienvenido a la web del Centro de Arte Santa Mònica. En este nuevo boletín podéis encontrar los siguientes textos: [] [] [] [] [] Desde aquí también podéis acceder al:
Cultura Arts Visuals
Accesibilidad http://cultura.gencat.net/casm info_santamonica.cultura@gencat.net
Santa Mònica
Julio - Agosto 05
Números Anteriores
 
 
Una de tantas y posibles vías
Frederic Montornés forma parte desde el pasado enero de la mesa de comisariado del Centre d'Art Santa Mònica (cuya programación de exposiciones queda a su cargo, y de Miguel von Hafe Pérez y Ferran Barenblit). Su aportación empezó con la presentación del trabajo de Marcel Dzama y, actualmente, es comisario de la exposición de Carles Congost y Sílvia Prada. Con este motivo publicamos una declaración de intenciones de su trabajo en el Centro y, más genéricamente, casi un statement de su posición como crítico/comisario. Asimismo, publicamos una entrevista que Joan Morey realizó a Sílvia Prada para La Luna en febrero de 2003.
FREDERIC MONTORNÉS

Mientras que unos se las arreglan como pueden hay otros que, además, lo tienen muy claro: desean seguir haciendo lo que verdaderamente les interesa. Lo que en verdad les place. Y no sólo eso: luchan por ello. Y es que las opiniones que reciben de los demás cada vez que lo consiguen, son para ellos como nuevas vías de aproximación a la obra que han realizado. Lo que les permite constatar que, manteniéndose firmes en su actitud, no sólo no están equivocados sino que consiguen que lo que hacen transmita, llegue, provoque y, a veces, incluso induzca a la reflexión. De modo que siempre se aprende algo. De todo. De unos y de otros. Y en ellos nos vamos a fijar. Es decir, en aquellos que, independientemente de lo fácil o difícil que se lo pongan, luchan por conseguir lo que desean. Porque es lo que necesitan.

Aunque el hombre no sólo vive de placer, parece que los movimientos que realizamos se hacen pensando en la consecución de unos propósitos que si, en algunos casos, se manifiestan abiertamente, en otros es necesaria nuestra participación. De modo que si el arte no interesa, no es necesario que nos empeñemos. Porque nunca le encontraremos un sentido. Ahora bien si, por el contrario, el arte nos toca porque, a través de su experiencia, nos ofrece la posibilidad de seguir aprendiendo algo acerca de nosotros, nuestra ciudad, nuestra sociedad, nuestro mundo o... lo que sea, ya nos hallamos con la predisposición que se requiere para poder participar.


Sílvia Prada. Justin, 2005
Sílvia Prada. Justin, 2005

En un momento tan particular como cualquiera porque hasta ahora nada ha dejado de interesar a los que hallan en el arte –o en la expresión artística- algo que les provoque rechazo, les induzca a la reflexión, les haga pensar, les levante el ánimo, se lo hunda o, en definitiva, no les deje impasibles, el nivel de implicación que se le exige al espectador depende exclusivamente del valor que le dé a una obra, a un proyecto o a las maneras que tienen los artistas de expresarse, manifestar sus opiniones y conseguir que lo que hacen sean reconocidos como signos de algo que no se ve pero que es posible identificar.

Si somos capaces de ver que una obra de arte es, además de esto, un signo de algo que responde al deseo y necesidades expresivas de alguien, llega un momento en que, sin proponérnoslo, nos mostraremos proclives a intentar averiguar los deseos y necesidades de aquellos artistas cuyas obras reclamen la atención de nuestros ojos y que, a través de esta puerta, nos amplíen nuestro espacio mental. Con ello no se quiere decir que el artista sea un genio, un oráculo o un salvador. Es simplemente una persona cuya tenacidad merece el mismo respeto que la de cualquiera que se dedique a otra cosa. Sólo que hay algunos que se fijan en ellos.

Como consecuencia del bombardeo de información que satura nuestros discos duros nos vemos en la obligación de seleccionar lo que nos llega. Y así, mientras que unos se inclinan por darle importancia a un tipo de información, otros encuentran en el amor por las cosas hechas a mano y el sudor de la frente impregnada en una imagen, el signo que reclama la atención de sus ojos y les induce a averiguar su procedencia. Y como en muchos casos es difícil averiguar de dónde proceden estos signos, nos vamos a centrar en los que nos resultan más cercanos. Por ejemplo, los que a través de un dibujo se enfrentan en silencio al ruido de aquel bombardeo que, parece, no tiene fin.

Marcel Dzama. Untitled, 2004
Marcel Dzama. Untitled, 2004
Como cualquier otra obra, un dibujo puede ser un boceto, una nota, una declaración de principios o el principio –sólo el principio- de una historia, una reflexión. Sin embargo hay algo en el modo de escribirlos que lo hace más próximo al espectador. Y es la capacidad que tiene de mantener en el tiempo la inmediatez de un trazo –otro signo- que dice mucho de quien lo ha hecho, cuándo lo ha hecho y porqué lo ha hecho. De alguien que, aunque lo parezca, no vive solo y que a través de este modo de expresarse es capaz de dejar constancia de la validez de una decisión que a pesar de que, a menudo, pueda entrar en colisión con otros modos –quizás más contemporáneos, quizás más modernos, quizás no tan físicos- de entender la vida o de trabajar en el medio del arte, transmitir lo que desee o conectar con las tendencias propias del tiempo en que se desarrolla, no dejan de ser el reflejo de alguien que
pugna por seguir haciendo lo que desea con el ánimo de hallar ese placer que necesita –y que otros perciben- para seguir suscitando –tanto en quienes lo aprecian como no- cuestiones de todo tipo o definiciones de una situación como paso previo a la enunciación de soluciones. Es decir, lo que todos necesitamos. Desde el conocimiento de nuestros respectivos ámbitos.

“En un momento en el que la práctica curatorial es sometida a juicio por la ineficacia
–o inoperancia- de los esquemas que ha seguido, es lógico que lo que se le
exija sea un compromiso en consonancia con las necesidades de su tiempo.”


En un momento en el que la práctica curatorial es sometida a juicio por la ineficacia –o inoperancia- de los esquemas que ha seguido, es lógico que lo que se le exija sea un compromiso en consonancia con las necesidades de su tiempo. Ahora bien, si el tiempo de hoy viene determinado por la búsqueda constante de soluciones, es necesario que, junto a la exaltación que despierta la energía implícita en lo que se presume como novedoso, problemático o cuestionable, nos apliquemos en ver qué hay de todo esto en las propuestas que, pese a todo, no sólo siguen realizándose sino que se mantienen firmes en la actitud a partir de la cual todo se sigue poniendo en duda.

Sobre la base de la actitud que refleja su obra, lo que Marcel Dzama, Silvia Prada o Carles Congost aportan con sus respectivos signos al diálogo abierto que debe ser el arte, no es sólo una cuestión de convicción sino algunos de los comentarios que se pueden hacer a las soluciones que, en aras de una más que deseable reformulación del sistema en el que se gestan y manifiestan, promueven la aplicación de unas pautas que, por muy comprensibles que sean, no comparten ni tienen porqué hacerlo. Lo que no quiere decir que sus obras sean cantos de cisnes o el reflejo de una agonía. Son las manifestaciones de una postura que no renuncia a seguir pugnando por conseguir lo que desea. A través del trazo onírico de un dibujo, el impacto de una imagen consumiéndose en grafito o el relato metafórico y visual de una situación que, por mucha atención que reclame, se mantiene en una estructura poliédrica, cambiante, voluble y siempre radiante.
Carles Congost. Memorias de Arkaran, 2005
Carles Congost. Memorias de Arkaran, 2005

Menú Boletín
Cabelo - Frederic Montornés - Sílvia Prada - Números Anteriors
Generalitat de Catalunya. Departament de Cultura
Saltar al menú principal del boletín