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Junio 05
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P de Producción de Conocimiento
SAFU es la Sant Andreu Free University. Una universidad temporal, frágil y contingente con un "programa" basado en grupos de lectura, talleres, charlas y discusiones. Una propuesta de Yproductions que sigue el modelo de otros centros de producción de conocimiento no "homologados", como la Copenhagen Free University, Flaxman Lodge a Londres o la Université Tangente de París. Si la producción de conocimiento, de saberes inmateriales, es un valor importante en áreas como la economía, a la fuerza tiene que serlo en cultura.

Collage representativo de la producción de conocimiento
YPRODUCTIONS
Como las piscinas, Barrio Sésamo mola. Además de ser uno de los programas que más ha durado en el tiempo y que ha entretenido a numerosas generaciones, Barrio Sésamo ha constituido uno de los centros de producción de conocimiento más potentes de las últimas décadas. Una rana de fieltro es quien nos ha enseñado muchas de las cosas que sabemos. Esto no es casual: tras ese afable programa de peluches, hay un equipo de profesionales variopinto pero inmejorable. El programa nació con la clara intención de enseñar, y durante mucho tiempo lo ha conseguido. Desde sus orígenes, Joan Ganz Cooney fue quien definió las intenciones y la dirección del proyecto. Junto a ella, Jim Henson y Joe Raposo se ocuparon de dar el carisma necesario a personajes como Tricky, Coco y Caponata, para que pudieran robar el corazón a los niños inocentes. Con ellos trabajaban
profesionales que no venían del medio televisivo, como el psicólogo y profesor de Harvard Gerald Lesser, o los psicólogos infantiles Ed Palmer o Lloyd Morrisett, de la Markle Fundation. El programa estuvo en todo momento pendiente de estudios que medían la atención y la capacidad de concentración de los niños, como los que llevaron a cabo Daniel Anderson, Elizabeth Lorch y Barbara Flagg. Por eso, no es extraño que, bajo la inocente apariencia de un programa infantil y tras los ojos saltones de los teleñecos, operase una compleja maquinaria de producción de saber y conocimiento. Todo estaba milimetrado, las conversaciones, la duración de los clips, el tamaño de los números y letras, la complejidad de los sketches, para que cada programa contribuyera a formar un poco más la conciencia de los espectadores. Incluso los periodos de repetición del mismo programa se medían en función de la necesidad de repetición y la tolerancia hacia el producto. Magnífico.Veure nota al peu


Todo esto es muy abstracto, ¡necesitamos números!
Nuestro mundo está plagado de centros de producción de conocimiento. Algunos de ellos están homologados como tales (universidades, academias, escuelas…), pero conviven con una infinidad de elementos, individuos e instituciones diversas que, no por carecer de título son menos eficaces generando líneas de pensamiento o de producción discursiva. Ya hemos oído más de una vez a los teóricos italianos decir que esta producción inmaterial de saber es crucial para comprender entre otras cosas la economía, el trabajo y la vida contemporánea. Lejos de este tipo de pensadores, en su libro El malestar en la gobalización,Veure nota al peu Stiglitz, además de redimir sus merecidas culpas (dirigió el Banco Mundial durante unos años), explica cómo miden las instituciones económicas el valor de bancos, aseguradoras u otro tipo de negocios que pasan un mal momento. La decisión de invertir para recuperar una de esas empresas no depende de la cantidad de dinero que posea dicha empresa en activos, terrenos o inversiones, sino de su capacidad de atraer nuevos clientes, su imagen corporativa, el volumen delmailing, la influencia social, etc. Es decir, una serie de variables, en principio inmateriales, pero cuantificables.


Es tan importante producir conocimiento como saber
gestionarlo, y una buena gestión garantiza beneficios.


Un banco ruinoso que conservebuena imagen social y cuente con una amplia red de contactos (a los que transmitir este mensaje: tengo buena imagen...) es mucho más recuperable que una entidad con una deuda menor, pero cuya imagen se haya deteriorado. Lo que se valora es la capacidad de seguir creando una imagen de sí mismo, en otras palabras, la capacidad de dar a conocer un mensaje a la gente.

Esa capacidad de producir conocimiento es un valor tangible. Tenemos que agradecer a Iván que nos recomendara la lectura de Nonaka y Takeuchi, los autores que diseñaron el modelo más utilizado para medir la cantidad de conocimiento que puede generar un grupo social, una empresa, una institución pedagógica, etc. Gracias a sus estudios, se ha podido comprender mejor el boom productivo que sacudió la economía japonesa en las últimas décadas.Veure nota al peu Los autores sostienen que, combinando conocimiento tácito (esa forma de conocimiento que viene inscrita en la memoria y el cuerpo de todo el mundo) y conocimiento explícito (impreso en las páginas de los libros), se maximiza la productividad, por lo que proponen crear espacios en las empresas para que el saber que aportan los trabajadores (habilidades, referencias, opiniones, posturas sexuales, etc.) pueda desarrollarse plenamente. Esta forma de proceder dista mucho de las rígidas formulas de producción estadounidenses, basadas en la repetición de modelos aprendidos. Así, vemos que es tan importante producir conocimiento como saber gestionarlo, y una buena gestión garantiza beneficios.


Cultura y conocimiento, ¿un binomio irreconciliable?
Hemos visto lo importante que resulta para la economía la capacidad de producción de conocimiento (PdC). Este efecto no es menor en lo que se refiere a la cultura. Considerando lo interesante que resulta controlar la PdC,hemos visto aparecer en el panorama cultural contemporáneo toda una serie de iniciativas para asumir la producción y gestión de su propio saber. Dinamarca, además de compartir con nosotros al archiconocido Hamlet, nos ofrece uno de los proyectos más interesantes en este sentido, la Copenhagen Free University. Desde hace unos años, distintos personajes se reúnen en un espacio reducido para discutir, compartir, enseñar y producir textos que contrarresten la capacidad hegemónica de descripción del mundo propia de algunas instituciones. Como toda buena universidad, tiene residencias temporales para gente de fuera (esto se traduce en un colchón abatible...), que colaboran y elaboran proyectos específicos en tan loable campus. En Londres (lugar maravilloso), encontramos una iniciativa muy interesante: bajo el nombre genérico de Flaxman Lodge, un sótano alberga reuniones entre representantes de sectores culturales hetereogéneos, que se unen para comparar y compartir sus niveles de precariedad, programar pases de cine, discusiones de libros, etc. En París está la Université Tangente, en Viena Monochrom, enNápoles la Facultà di Fuga y en Sant Andreu está la SAFU.


Hay que liberar las prácticas artísticas y culturales
de su aislamiento conceptual, para introducirlas en
maquinarias más amplias, capaces de darles sentido.


No podíamos desaprovechar la oportunidad de dotar al barrio de Sant Andreu de su propio centro de PdC y nos pusimos manos a la obra. Tras múltiples gestiones, tentativas y sudor, podemos afirmar sin ruborizarnos que la universidad está montada. Bienvenidos a la Sant Andreu Free University (SAFU para los amigos).

Siguiendo lo dicho, no es ninguna vacilada decir que cualquier proceso cultural capaz de reflejarse en un centro de PdC definirá mucho más rápidamente sus líneas discursivas y podrá llegar a cobrar más potencia que procesos lejanos a estos centros de producción. Hay que liberar las prácticas artísticas y culturales de su aislamiento conceptual para introducirlas en maquinarias más amplias, capaces de darles sentido; hay que potenciar la hibridación de formas de pensamiento para que la producción cultural deje de sustentarse sólo en sus propios (y en muchos casos, irrisorios) códigos. Con este alarde de optimismo, no pretendemos convencer a nadie de que, asociando una obra mala a un discurso potente, la obra vaya a mejorar, pero sugerimos que tal vez esa pieza mediocre se lea con mejores ojos, lo justo para que pase por buena. También es obvio que, al lanzar proyectos para trabajar formas de conocimiento no hegemónicas, no se está rediseñando el mundo, ni se van a conseguir grandes cuotas de producción de subjetividad, pero ciertas formas de trabajo colectivo pueden ser harto útiles para llegar a objetivos concretos. Si el objetivo es educar a los chavales, Barrio Sésamo lo hará mejor, pero estas iniciativas otras pretenden colarse en huecos aún por trabajar, no establecerse como valor contra—hegemónico, ni hacer sombra a ninguna institución dominante. Y es que, ¿a quién se le ocurriría retar a un duelo de galletas a Tricky, el “monstruo de las galletas”? Pero si el combate es de cervezas y en el Kentucky, Tricky tiene todas las de perder...

Veure nota al peu Para más información, véase Gladwell, Malcolm, La Frontera del éxito, Espasa Calpe: Madrid 2001. Volver
Veure nota al peu Stiglitz, Joseph E, El malestar en la globalización, Madrid: Taurus, 2003. Volver
Veure nota al peu I. Nonaka & H. Takeuchi, The knowledge creating company. Oxford: Oxford University Press, 1995. Volver
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