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Junio 05
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Educación, comunicación y plataformas para el diálogo

¿Qué lugar ocupa la educación en los programas en museos, centros de arte y, en general, en todos aquellos implicados en el arte contemporáneo? Si parece que estamos de acuerdo en la necesidad de romper la distancia entre arte y sociedad (tal como documentaba el Consulta de Montse Badia, Mind the Gap) la educación tendría que ocupar un papel prioritario.

En éste y en próximos números del boletín, continuando su texto del número de abril, David Armengol, ahora con Martí Manen, analiza el papel que juega, puede y tiene que jugar la educación en arte contemporáneo.

Invisible Academy
Invisible Academy

DAVID ARMENGOL / MARTÍ MANEN

La educación –y no sólo la educación artística— se halla en un momento de crisis. La posible reducción de las titulaciones universitarias a la mitad, la propuesta de desaparición de las Humanidades o la integración de Historia del Arte en la carrera de Historia son algunos síntomas de la necesidad de revisar y redefinir los procesos específicos de formación de grado superior vinculados a las prácticas artísticas.

Ante la falta de confianza en los modelos académicos dominantes, en el sistema del arte se extiende la creación de diversas plataformas que ofrecen otros modelos de aprendizaje, aparentemente situados fuera de los circuitos oficiales. Con un alcance menor, pero desde una posición desjerarquizada, estas propuestas empiezan a ser más que habituales y necesarias en el campo de la producción cultural, y devienen dispositivos capaces de mantener nexos discursivos con la realidad, un hecho poco frecuente en las estructuras de la enseñanza convencional.

La educación como disciplina, como estrategia que impone unos conocimientos determinados, se ve cuestionada por unos sistemas de relación que se basan más en la proximidad y el intercambio entre las posiciones implicadas. Es decir, por plataformas en las que el trasvase de conocimiento funciona con múltiples niveles y direcciones, y altera la estructura de poder definida por el esquema emisor-receptor o, si lo expresamos con términos de educación formal, de profesor-estudiante.

El intento de construir otros modelos educativos, ya sea desde la revisión de las estructuras académicas o directamente desde posiciones contrainstitucionales, supone un esfuerzo por definir la educación con unos parámetros nuevos. La educación, no ya como un proceso en el que el receptor absorbe los nuevos conocimientos de un modo lineal, sino como una práctica en la que dicho receptor asume una posición activa y comprometida y el mismo proceso se intersecciona con la realidad que le rodea, el contexto y los intereses que implica.

La dirección que tomó gran parte del arte contemporáneo durante los años noventa permitió entender el arte como un lugar de relación. Un contexto capaz de mostrar un grado elevado de intimidad y que podía convertirse en una nueva herramienta educativa personalizada y próxima. En el contacto que establecía con el espectador, el artista ofrecía parte de su vida como materia básica y favorecía que la experiencia y el hecho vivencial se integrasen en los procesos de acceso al hecho artístico. El paso siguiente ha sido la creación de plataformas para el diálogo, en las que el papel del espectador se difumina para convertirse en un elemento más definidor y discursivo. Esta nueva situación obliga a replantearse las barreras internas y aceptar una redefinición necesaria de los modelos ylas estructuras (la institución, la exposición, el marco de trabajo, la obra de arte o el propio público), donde la idea de comunidad sirve para favorecer la construcción de espacios de actuación en red.

Copenhagen Free University
Copenhagen Free University

En el intento de repensar la noción de educación y de alejarnos de la posición no-discursiva que tenía aparentemente en el campo del arte, el primer punto de revisión obligatoria consiste en la estructura jerárquica que define los sistemas de enseñanza. Como suele ocurrir en otros campos de la producción cultural, surgen nuevas plataformas de trabajo con estructuras más libres e independientes. Por tanto, el contexto artístico –no ya la institución, sino el conjunto de elementos que intervienen— tiene capacidad para generar estructuras de ensayo en cuestiones de comunicación y proximidad. Planteamientos universitarios alternativos, espacios de creación dirigidos por artistas y comisarios, centros de infraestructura menor que entiendan la educación como una herramienta de discurso crítico, espacios de encuentro en los que el emisor y el receptor difuminan sus roles... son algunas de las propuestas que pretende introducir este texto.


Otras formas de entender la educación
Podemos encontrar múltiples ejemplos de artistas que deciden convertir su trabajo en un espacio de libertad para facilitar el intercambio. El ejemplo de Rirkrit Tiravanija es más que obvio, pero tal vez, en el contexto tailandés, habría que destacar también el valor de la Invisible Academy de Surasi Kusolwong, que entiende el arte como un posible sustituto, ante la ausencia de estructuras eficaces de acceso al hecho artístico. Esta “academia” constituye un concepto que permite crear un trabajo en común basado en el diálogo y el intercambio, donde la presentación –desde el ámbito del arte y no desde la educación— ayuda a fomentar posiciones más próximas y horizontales.

La Copenhagen Free University es también un espacio propuesto por artistas –Jakob Jakobsen y Henriette Heise—, que plantea el vínculo entre una sociedad basada en el producto de consumo y la necesidad de convertir la educación en un espacio que permita cuestionar este hecho. Las estructuras propias de la educación se integrarían entonces en el engranaje de la producción y surgiría otra oportunidad para buscar nuevos sistemas de contacto no-productivo en el contexto artístico.


En los últimos años han proliferado algunos dispositivos similares
que, ante la falta de posicionamiento crítico del sistema universitario,
han abierto vías de formación específica más independientes.


No sólo los artistas investigan con las formas actuales para la educación. El comisario también cambia de papel y se transforma en un generador de espacios para intentar definir modelos diferenciados. Coincidiendo con el cambio de este siglo, Charles Esche realiza un proyecto educativo al Edinburg College of Art, llamado Proto academy. Entendida casi como un parásito de la institución, la Proto academy planteaba un modelo menos jerárquico, donde los alumnos tenían mucha más capacidad decisoria y donde se consideraba que los “resultados” no debían restringirse al campo de la investigación, sino que podían saltar a la realidad.

La comisaria Annie Fletcher, junto con el artista Sarah Pierce, inaugura el llamado Paraeducation Department, un espacio de encuentro al margen de posiciones predefinidas. Se trata de una plataforma común entre el Witte de With y TENT, dos instituciones reconocidas de Rotterdam. En este caso, se pretende superar el valor que las instituciones artísticas suelen otorgar al factor educativo, considerando la educación como un diálogo multidireccional que necesita a los distintos estamentos de la sociedad para construir colectivamente posibles modelos de educación más vinculados a la realidad diaria.

En la misma línea de descentralización de los procesos educativos, Yvane Chapuis, François Piron y Loïc Touzé dirigen colectivamente Les Laboratoires d’Aubervilliers, un centro pluridisciplinar que ofrece herramientas de producción, difusión y formación en torno a la creación contemporánea. Al margen de los planteamientos pedagógicos habituales, estos Laboratoires fomentan otras fórmulas de construcción de conocimiento, con cursos regulares impartidos por artistas, que ofrecen espacios de encuentro más próximos entre creadores y público.

Si pensamos ahora en el contexto local, vemos cómo en los últimos años han proliferado algunos dispositivos similares que, ante la falta de posicionamiento crítico del sistema universitario, han abierto vías de formación específica más independientes. Lecturas periféricas que han avanzado hacia posiciones discursivas que la
Copenhagen Free University
Copenhagen Free University

educación formal difícilmente refleja. Las especializaciones de la CUAM, Panorama en Olot, La Sant Andreu Free Univesity (SAFU), las Jornadas de Educación organizadas en instituciones como la Fundació “la Caixa” o el Centre Cívic de Sant Andreu permiten esbozar un marco de trabajo definidoa partir de sistemas de conocimiento no-jerárquico, donde el espacio artístico se ofrece antes que nada como laboratorio y espacio de intercambio.


Educación e institución
Ahora bien, ante la demanda y la existencia de modelos contra-académicos capaces de alterar los sistemas de formación habituales, hay que preguntarse también cuál es la posición de la institución artística. Por su ritmo, el museo se acerca peligrosamente a modelos educativos propios de la estructura universitaria. Muchas veces, el intento de definirse como espacio de actuación en tiempo presente se ve frustrado por un sistema de funcionamiento unidireccional que dificulta el ensayo de otras prácticas educativas.


En un momento en que la enseñanza académica se ve cuestionada desde
estructuras no-oficiales, el museo debe asumir un papel como espacio
clave en losprocesos de aprendizaje y formación del individuo.


No obstante, la voluntad de redefinición de los límites y las capacidades de la institución artística hace que algunos museos y centros de arte asuman la responsabilidad en los procesos de formación, y que apuesten por posturas alternativas ante el estancamiento de la pedagogía reglada. En un momento en que la enseñanza académica se ve cuestionada desde estructuras no-oficiales, el museo debe asumir un papel como espacio clave en losprocesos de aprendizaje y formación del individuo. En este sentido, es relevante que en la actualidad una institución como el MACBA lidere un proyecto educativo como el PEI (Programa de Estudios Independientes), que favorece un compromiso real en cuanto a funcionalidades educativas. Partiendo de una postura crítica respecto a los sistemas de enseñanza oficial, el PEI convierte el museo en un contexto educativo que, por su presencia en el tejido social, plantea un contacto con la realidad más directo que el de los sectores universitarios. Pero deberíamos preguntarnos si el museo tiene la capacidad de iniciar estudios propios, ya que asume en cierta medida la jerarquía universitaria y acepta la Universidad como una institución legitimizada por sí misma o por lo que significa, más que por el valor intrínseco que pueda tener el proyecto educativo en sí.

El papel determinante de las plataformas iniciadas por artistas, que entienden el arte como un espacio vital para la educación a través del intercambio y la redefinición de los formatos educativos mediante campos parainstitucionales iniciados por algunos comisarios, obliga a la institución a replantearse su modelo. La institución artística responde, reacciona y participa del contexto artístico, interioriza ciertos comportamientos y los tamiza a través de su maquinaria y de una temporalidad lenta. Ofrecer la institución artística como el espacio para una educación crítica serviría para generar un debate constructivo sobre los modelos educativos a partir de sus opciones reales, y para posibilitar un grado de autoformación del usuario más allá de las bases de la educación clásica.
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