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Soñar y olvidar: The Lotus Eaters, los devoradores de loto de Marcel Dzama |
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Winnipeg es una pequeña ciudad de Canadá conocida por sus gélidos inviernos. En esta ciudad, bloqueada por la nieve, Marcel Dzama, junto con otros artistas, amigos y hasta con familiares, fundó The
Royal Art Lodge, una pequeña comunidad de artistas. Así, en una ciudad aparentemente alejada de la capitalidad artística y sus centros de poder se formó un microcontexto de trabajo en arte, del que la obra de Marcel Dzama es fruto.
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JASON DANIEL TOUGAW
Marcel Dzama tiene siempre un cuaderno en la mesita de noche, para anotar las ideas que le surgen con el sueño. “De día, dibujo”, dice, “pero las ideas se me ocurren de noche.” Los dibujos, pinturas, música, vídeo y esculturas de Dzama se originen en su mente cuando duerme —en un mundo poblado de niños-murciélagos, vampiros, damiselas afligidas, osos perplejos, árboles que andan y cowboys descarnados. Primero había utilizado The Lotus Eaters (Los devoradores de loto) como título de una canción. “Me gusta”, dice, “por los temas que aborda la historia original de sueño y olvido.” En la Odisea de Homero, Ulises y sus hombres se ven arrastrados por una tempestad hasta las actuales costas de Libia, y los habitantes del país les ofrecen su alimento básico, la flor del loto. Los hombres que comen esa flor se vuelven soñadores, indolentes y olvidadizos. Ya no se preocupan de su hogar, sus familias o la misión que deben cumplir; simplemente, se niegan a moverse. Ulises tiene que arrastrarlos a la fuerza para que vuelvan al barco y encadenarlos a los bancos de remo. La historia es una metáfora fantástica de la experiencia cotidiana de rescatar la mente de la indolencia y el olvido del sueño. La mente despierta, con las expectativas racionales y la rigidez de los límites de la realidad, ofrece otra clase de olvido. La obra de Dzama invita a la mente despierta a revisitar las imágenes fragmentarias y las emociones trastocadas que sólo podemos experimentar más allá del umbral de la conciencia.
The Royal Art Lodge
La ciudad canadiense de Winnipeg, Manitoba, donde Dzama vivió hasta que, hace poco, se trasladó a Nueva York, aparece a menudo como la fuente de su estética irónica y austera. Mientras estaba en Winnipeg, Dzama y otros artistas locales formaron The
Royal Art Lodge, que incluyo, en distintos momentos, a Jonathan Pylypchuk, Adrian Williams, Neil Farber, Michael Dumontier, Drue Langlois, Miles Langlois y la hermana de Marcel Dzama, Hollie. El grupo se encuentra los miércoles por la noche para producir dibujos, muñecas de trapo, cómics, collages, marionetas y dioramas en colaboración: un artista empieza a trabajar en una pieza y la va pasando a los demás para que la completen, hasta que alguien la declara acabada. El nombre colectivo anuncia un idealismo lúdico. El concepto de una monarquía de artistas que rigen una pequeña ciudad del Medio Oeste, donde los pabellones de caza son mucho más numerosos que los colectivos artísticos, demuestra la confianza en la improvisación que caracteriza a este grupo, inspirado en movimientos como dadá o el grupo Fluxus. El RAL ha ido despertando gradualmente la atención internacional y ha expuesto, en Los Angeles’s Museum of Contemporary Art, entre otros lugares. Más recientemente, Dzama ha expuesto con The
Royal Family, un colectivo coincidente que incluye a su hermana Hollie Dzama, su mujer Shelley Dick, su padre Maurice Dzama, la madre Jeanette Dzama y su tío Neil Farber. Los métodos espontáneos de estos colectivos son vitales para la obra tan energética que producen. “No tenemos planes previos”, ha dicho Dzama. “Simplemente, nos gusta dibujar.” Si bien la obra que hacen es la expresión de una sensibilidad personal y no tanto de un compromiso con tendencias del mundo del arte o la política, comparten un ethos de idiosincrasia y espontaneidad.
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| Marcel Dzama. Untitled,
2004 |
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De El Bosco a P.I.L.
Los demás miembros del The Royal Art Lodge pueden ser las influencias
más inmediatas de Dzama, pero él también alude a Hyeronymus
Bosch (El Bosco), Fluxus, George Burns, Public Image Limited y el creador de Captain
America, Jack Kirby. Algunas de las criaturas fantásticas de Dzama
han sido rescatadas intactas de los cuadros del Bosco; su interés en la
espontaneidad colectiva tiene claras reminiscencias de Fluxus; el ingenio que
subraya sus imágenes más violentas tiene resonancias de Burns;
los trazos gruesos y marcados y la representación estilocómic de
temas inquietantes recuerda tanto a PiL como a Captain America. Ahora bien, volviendo
al origen de las ideas de Dzama en la nocturnidad del dormir y los sueños,
susextrañas condensaciones de hechos mundanos y fantásticos —un
oficinista rodeado de amenazantes árboles homínidos, por ejemplo— se
acerca a los métodos, que no a la estética, surrealistas. |
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El método surrealista, inspirado en la lectura generalizada de las obras de Sigmund Freud, implicaba contemplar el mundo desde la posición estratégica de las fantasías que generalmente permanecen como mucho en la semiinconsciencia, cuanto más irracionales y extravagantes mejor. Mientras casi todo el mundo despreciaba el producto irracional de la ensoñación diurna, los surrealistas la abordaban y documentaban. La obra de Dzama sugiere un método similar, utilizado por un artista más preocupado por la ternura morbosa que por la paranoia cósmica de Dalí, el onirismo filosófico de Magritte, la crítica social de Buñuel o la enajenación arquitectónica de De Chirico. Como muchos de los artistas surrealistas, Dzama trabaja con instantáneas visuales de una iconografía personal recurrente, y sustituye las nubes flotantes o los relojes que se funden con árboles homínidos y universitarias norteamericanas chupadoras de sangre. La restrictiva paleta de Dzama, basada en el verde musgo, el negro, el gris, el rojo intenso y el caqui (hecho a base de sirope de root beer ), como una película en blanco y negro, transmite el mensaje de que los espectadores entremos en un mundo lo bastante similar al nuestro para ser reconocible, pero lo bastante distinto para que no podamos dar nada por sentado. Dzama destila cada imagen en una tónica de fantasía inconsciente, para mostrar a los espectadores cómo sería el mundo si la fantasía diera un golpe y derrocara la realidad y la razón.
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Dzama le dijo una vez a un entrevistador que le gustaba dibujar al Hombre de Hojalata del Mago de Oz “porque no tenía remordimientos, precisamente porque carecía de corazón”. La acción del Mago de Oz se desarrolla en el mundo de los sueños de Dorothy (o Dorita). Si la obra de Dzama sugiere una lógica onírica, el corazón que le falta al Hombre de Hojalata es una clave para revelar por qué este mundo es tan sorprendente. Un hombre hecho de hojalata es original, pero un hombre sin corazón plantea la clase de pregunta que la obra de Dzama aborda constantemente:
¿Cómo puede comportarse un hombre sin corazón? Respuesta de Dzama: sin remordimientos. Como en un sueño, el juicio está ausente de la escenificación que Dzama hace de estas figuras. El Hombre de Hojalata no tiene remordimientos, no porque sea una mala persona, sino simplemente, porque los hombres de hojalata sin corazón no tienen remordimientos. Los fragmentos de la narrativa de Dzama son visualmente fascinantes, en parte porque la interacción de los seres originales con las disposiciones no-humanas condensa las acciones y las emociones que de otro modo parecerían incompatibles. En su obra, Dzama desfigura la acción y la emoción, crea escenarios donde los personajes y las criaturas que inventa responden unos a los otros de formas inesperadas. Un grupo de árboles que abducen a una chica vestida con elegancia son bastante sorprendentes, pero cuando descubrimos que la cara de los abductores expresa perplejidad mientras que, en cambio, la abducida parece despreocupada, los espectadores tenemos que adaptar nuestras ideas preconcebidas y aceptar la dinámica emocional sesgada del mundo visual de Dzama con sus propios términos.
En la obra reciente que representa The Lotus Eaters, Dzama amplía la iconografía que le caracteriza con formatos más grandes y escenarios más complejos, y abre la esfera de su imaginería personal. En una pieza sin título, una procesión de chicas con ametralladoras y árboles homínidos, que hace pensar en una tropa de hormigas obedientes, desfila a través de múltiples paneles hasta que llega a un agujero del suelo. Pero el automatismo de la procesión se disuelve en un pequeño enjambre ligeramente frenético cuando las chicas armadas se acercan a la entrada del orificio, acompañadas de murciélagos y bichos peludos inspirados en la obra del Bosco. Una figura militar con la cabeza inflada y bulbosa ha caído al agujero. Esta puede ser una misión de rescate o bien una campaña mortífera. Como en un sueño, puede ser ambas cosas, sin contradicción. Los míticos Devoradores de Loto son convincentes porque, para ellos, las profundidades indolentes del sueño son duraderas, y sus contradicciones no les exigen nunca enfrentarse a la dureza de los hechos diurnos. Con los formatos más grandes, las extrañas escenas de Dzama parecen paradójicamente más aisladas, momentáneas, frágiles. A medida que se expande el espacio negativo, las bestias y las doncellas de Dzama amenazan con desvanecerse. La amenaza intensifica la urgencia de estas escenas, porque los espectadores perciben el mundo que se despierta acercándose por detrás; como Ulises, preparados para arrastrar a sus hombres de vuelta al barco.
Bebida
fermentada hecha con miel, zarzaparrilla, azafrán,
coriandro y otras hierbas. (N. de la T.).
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