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Densidad y gravedad |
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Helena Almeida es la representante
de Portugal en la próxima Bienal de Venecia, y es, junto
con Paula Rego, una figura clave del arte portugués.
Sureflexión sobre el espacio, el cuerpo, el anonimato,
el papel del artista o el uso de la fotografía para
romper distancias con técnicas tradicionales da, al
mismo tiempo, la medida de la importancia que su obra tiene
entre artistas de su generación y estimula la intensidad
con que continúa trabajando.
Isabel Carlos, curadora del pabellón portugués
de este año, hace un repaso por algunas de las características
más destacadas de su obra.
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| Helena Almeida. Sense títol, 2004 |
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ISABEL CARLOS
Desde los años setenta, la obra de Almeida ha evidenciado la unión de distintas disciplinas y enfoques artísticos. En ella se unen la fotografía, la pintura, el dibujo y la performance dentro del campo unificador de la autorepresentación. El cuerpo y las imágenes del artista que son inherentes a su obra –de las manos a la boca, de la cara al cuerpo entero— se irán descubriendo a medida que se desarrollan las obras, nunca como autorretratos, pero tampoco como mise en scène o dramatización de otros personajes o figuras, sino más bien como la presencia reiterativa de ella misma. Nunca se descubrirán como una descripción o representación existente: no llegamos a conocer nada de la naturaleza del artista (personalidad, gustos, ideas, concepción del mundo) mirando sus fotografías.Como no crea personajes ni autorretratos, Almeida no nos dice nada sobre su cuerpo físico real, porque este cuerpo es constantemente alterado, desfigurado, escondido por la pintura que, o bien lo alarga o lo desborda, o bien entra y sale del cuerpo. A pesar de ello, podríamos mirar sus primeras obras fotográficas como una especia de autorretratos, como un “Estudo para um enriquecimento interior” (1977), donde puede reconocerse una cara. Pero más que un autorretrato, esta obra puede verse, por encima de todo, como la imagen de una mujer que se transforma en pintura, que maneja la pintura, se come la pintura y llora la pintura. Ella misma es la pintura.
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Para conseguir la autorepresentación, Almeida reúne diferentes disciplinas y enfoques artísticos. Lo más importante es que se trata de una artista que se basa en el proceso. Sin embargo, a diferencia de muchos de sus contemporáneos que empezaron a hacer exposiciones en la década de 1970, el proceso permanece oculto. El proceso como tal es privado. El estudio es su mundo. Más que crear obras para lugares específicos, la artista afirma que su sitio es el estudio y el estudio su mundo. En este sentido, trabaja como los pintores clásicos. Crea obras específicas para su espacio y tiene como referencia de las obras que hace el espacio en el que las ha hecho, dando pie a un proceso que arrastra su domesticidad, colocando la sorpresa en este espacio, generalmente un espacio de reconocimiento cotidiano. En el estudio, Almeida trabaja siempre con su marido Artur Rosa. Dibuja cómics y, más recientemente, videos para dirigir a su colaborador hacia la resolución final de la obra.
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| Helena Almeida. Sense títol, 2004 |
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“Jo sóc la tela”
Estas ayudas visuales son como diagramas que ilustran el funcionamiento de Almeida como vehículo formal. “Yo soy la tela”, dijo en una ocasión.
En cuanto a la fotografía, la revela como un medio porque permite (y motiva) el uso de series, o metanarraciones, y pequeños movimientos, algunos de los cuales son casi funcionales, marcando los tiempos diferentes de un movimiento.
El cuerpo de la artista se convierte en instrumento con el que interviene y comunica, para crear espacio, espacio pictórico y arquitectónico, en un sentido fenomenológico. Esta creación de espacio es bastante clara en la obra “Untitled” (1994-95), donde crea una especie de coreografía minimalista íntima en la que su cuerpo crea espacio, provocando así tensiones y escapando de rutas: una mano simplemente sostiene el color, un brazo ligeramente hacia atrás como si quisiese agarrar el momento anterior en el tiempo o aferrarse a vestigios y restos de acontecimientos previos.
El espacio no es nunca un espacio abstracto que sea mensurable, sino más bien un hábitat cuya forma es el cuerpo. Incluso podríamos hablar de arquitectura corporal: el cuerpo como casa y hogar. La imagen está habitada dentro de sus propios muros, mostrándose ella misma al exterior.
Los colores se utilizan como portadores de mensajes simbólicos psicológicos: azul para el espacio y la energía; rojo para el drama y la composición, y negro para la densidad y la absorción de luz.
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Densidad: es una de les palabras que me pasó por la cabeza cuando vi por primera vez “Untitled” (2003), la obra expuesta en el Centro de Arte Santa Mónica. No hay tinta ni pintura, incluso se nos escapa la forma corporal, solo un pie o un brazo nos recuerdan que todavía hay un cuerpo y no sólo material puro, concreto, de una escultura expuesta en un espacio vacío, en un suelo de piedra perfectamente limpio. Densidad y gravedad, el cuerpo en su naturaleza esencial y primaria.
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Paradójicamente, la presencia de su cuerpo en la obra de Almeida es la presencia de una ausencia, de algo a lo que no tenemos acceso. Por otro lado, lo que vemos no es lo que vio el artista: su visión está contenida dentro de la obra: Contra la autoreferenciación utilizada por la pintura modernista, Almeida propone la autorepresentación. Contra la ausencia de la aparición y la mirada del fotógrafo –una característica de la fotografía— Helena propone su propia presencia. Contra la naturaleza efímera del arte de la performance, Almeida propone –en contraste— una acción captada para la eternidad. La búsqueda continua del autoconocimiento, una actitud que la artista afirma en algunas entrevistas, va paralela a una búsqueda de los límites y fronteras de los géneros artísticos utilizando su propio cuerpo.
El cuerpo es el lugar en el que se enfrentan los límites. El límite del cuerpo en sí, pero también el límite de las disciplinas artísticas: “Siempre veo mi propia figura como un objeto: representándome a mí misma, paso de sujeto a objeto” (Helena Almeida). |
ALGUNOS DE LOS PAVELLONES EN LA BIENNAL DE
VENECIA
2005
Alemania: Thomas Scheibitz i Tino Sehgal
Argentina: Jorge Macchi
Austria: Hans Schabus
Bélgica: Honoré D'o
Brasil: Chelpa Ferro i Caio Reisewitz
Canadá: Rebecca Belmore
Dinamarca: Eva Koch, Joachim Koester, Peter Land, Ann Lislegaar i Gitte Villesen
EE.UU.: Ed Ruscha
Egipto: Nagui Farid i Salah Hammad
España: Antoni Muntadas
Francia: Annette Messager
Gran Bretaña: Gilbert & George
Grecia: George Hadjimichalis
Holanda: Jeroen De Rijke & Willem De Rooij
Irán: Bita Fayyazi Azad i Mandana Moghaddam
Israel: Guy Ben Ner
Italia: Carolina Raquel Antich, Manfredi Beninati, Loris Cecchini
i Lara Favaretto
Japón: Miyako Ishiuchi
Suiza: Gianni Motti, Shahryar Nashat, Marco Poloni, Ingrid
Wildi i Pipilotti Rist
Turquía: Hussein Chalayan
Uruguai: Lacy Duarte |
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