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Ciudades Ocasionales |
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En junio, Martí Peran y
Giovanni La Varra desarrollarán en el Centre d’Art
Santa Mònica un seminario, un Consulta y unos workshops
bajo el nombre de Ciudades ocasionales. Post-it city y otros
formatos de temporalidad. El objetivo es reflexionar sobre
la pertenencia de la arquitectura, el urbanismo y el arte en
el uso del espacio de la ciudad y, de manera destacada, las conflictivas
relaciones del arte entre documentar o estimular este uso. De
este conjunto de actividades se derivará una investigación
que, durante un año, itinerará por otras ciudades
para regresar al CCCB de Barcelona en otoño 2006.
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MARTÍ PERAN
Desde hace unos años la cultura contemporánea se ha dedicado especialmente a pensar la ciudad desde infinidad de ángulos distintos. El fenómeno puede justificarse de un modo muy simple: la ciudad es el territorio en el que se desarrolla la experiencia de contemporaneidad y, en consecuencia, donde hay que enmarcar cualquier ensayo sobre cuestiones tan relevantes como la emergencia de nuevas subjetividades, la aparición de nuevas formas de trabajo y de resistencia, la utilización de la cultura como recurso económico de primer orden, la creciente mediación de cualquier tentativa de comunicación o tantos otros enunciados posibles. La ciudad es, en efecto, el escenario en el que se desarrolla la experiencia real y de ahí la pertinencia de examinarla y diseccionarla. En esta operación, como ha sido destacado suficientemente, la ciudad se ha exhibido como una doble figura. Por una parte, aparece como un escenario reglado y perfectamente ordenado, con la voluntad de pautar de rebote cómo deberíamos interpretar nuestras vidas; por otro lado, la ciudad también ha evidenciado que, a pesar de todo, su cuerpo está repleto de grietas y fisuras por las que puede resquebrajarse su soberbia. Es en esta última perspectiva que la cultura contemporánea indaga las posibilidades de herir la ciudad tradicional y, en su lugar, revelar simultáneamente todo su potencial como lugar de conflictos y como sitio para construir libremente nuestro modo de ser.
De entre las fórmulas múltiples que se han utilizado para expresar la posible reconquista de la ciudad más allá de las predeterminaciones impuestas, un puntal de importancia crucial viene representado por la vindicación de los
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| Maria Papadimitriou, T.A.M.A., 1998-2004 |
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citizen users;
es decir, la reclamación de una ciudadanía
fundamentada en el uso de la ciudad según el dictado
de unas necesidades cambiantes y subjetivas. Este telón
de fondo es el que flota del mismo modo tras nociones como
la de ciudad invisible (Giancarlo De Carlo), instant
city (Lars Lerup) o post-it city (Giovanni
La Varra). Todos estos epígrafes, más allá de
los detalles que los singularizan, comparten el interés
por detectar la realidad de unos usos de la ciudad ajenos
a las previsiones y normas preestablecidas y, asimismo, denotan
la magnitud de las infinitas cartografías que podrían
sustituir al mapa cerrado y estático de la ciudad
que se ofrece como un banal objeto de consumo pasivo y disciplinado.
El concepto de post-it city formulado por La Varra –y que hemos
adoptado como pretexto para articular el proyecto Ciudades Ocasionales. Post-it
city
y otros formatos de temporalidad– nos parece especialmente didáctico.
Para deducir el alcance sólo cabe pensar en lo que se transforma cuando
utilizamos literalmente un post-it: sobre un texto previo (la ciudad)
imponemos una señal que prioriza un orden distinto del inicial, sin embargo,
asimismo, esta señal sólo responde a un interés subjetivo
y, por eso, también es una marca efímera, sin voluntad de permanecer
o imponerse. Todo lo cual, si lo traducimos a otro registro, deriva hacia las
características con que La Varra define las post-it cities: evidencian
un uso no codificado del espacio, de carácter temporal y con espíritu
crítico implícito. Una ciudad ocasional de este tipo es,
pues, algo que aparece de forma imprevisible y, por esta misma naturaleza repentina
que rompe el orden, siempre representa un gesto crítico con independencia
de ser explícitamente consciente. En esta dirección, quizás
fuera bueno reconsiderar las posibilidades contenidas en el mal llamado uso in-cívico de
la ciudad; especialmente en el contexto de una Barcelona que se enorgullece obstinada
de su talante novecentista.
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| Francisca Benítez, SUKKAH, 2001 |
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Esta
aproximación a la multiplicación de usos
que se sobreponen en el espacio de la ciudad, naturalmente,
es también una plataforma idónea para
seguir reformulando la noción de espacio público,
un tema recurrente que con demasiada frecuencia ha
acabado por ponerse rígido bajo unos principios
distintos de los convencionales, pero igualmente cerrados
y secos (el espacio de la diferencia, de la comunicación,
del tráfico, del antagonismo...) hasta el punto
que con total facilidad pueden ser incorporados a la
codificación ordinaria de la ciudad. Sólo
hay que recordar, pongamos por caso, cómo las
movilizaciones ciudadanas contra la guerra o las reacciones
contra el Fórum 2004 fueron añadidas
sin ningún tipo de angustia en la colección
de virtudes que engordan la marca Barcelona.
A su vez, las experiencias reales que aparecen como post-it,
a menudo insignificantes y extremadamente huidizas,
difícilmente pueden ser tragadas por el discurso
oficial. Os imagináis un spot de campaña
electoral que, en vez de utilizar las caceroladas como
paradigma de la participación ciudadana que
quiere promocionarse, se dejase conducir por la ciudad
de la mano de unos vandálicos nerd explorers? |
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Las ciudades ocasionales que proponemos como objeto de estudio son, en efecto, muy huidizas. Es probable que la misma operación de pensar el fenómeno no consiga mucho más que montar una colección de documentos parciales y sesgados. De hecho, como ya se ha dicho, el carácter efímero de estos usos de la ciudad conlleva la ausencia de rastros. La ciudad ocasional a duras penas deja rastro alguno; es, dicho de otro modo, uno de los formatos más radicales del nomadismo deformador, incontingente e irrepresentable que describieron con detalle Deleuze y Guattari. Estas dificultades implícitas que implican probar de atrapar un post-it en la ciudad antes de que desaparezca o se mude a otro |
| emplazamiento, se reproducen en el momento de definir los posibles vínculos del fenómeno con las prácticas artísticas. En efecto, éste es uno de los puntos más problemáticos –y así queremos analizarlo en el programa que empezaremos este verano– dado que las opciones que se planteansitúan la acción artística en un lugar repleto de ambigüedades. Por un lado, parece que lo más conveniente sería limitarse a documentar la realidad de las ciudades ocasionales, de los numerosos post-its que infectan el espacio de la ciudad; sin embargo, esta actuación no sólo es costosa por la dificultad citada de detectar el fenómeno, sino que, sobre todo, tiene que resolverse de manera que no se limite a consignarlo sino que tiene que saber destilar todo el componente crítico para potenciarlo; por otro lado, sólo haría un reportaje de entretenimiento. La segunda posible acción, aún más compleja, podría ser la de considerar la propia acción artística como un post-it o un estímulo para su aparición ocasional. Eso que en primera instancia puede parecer muy eficaz y operativo, en realidad sufre la crónica paradójica que conlleva soportar la losa de la propia idea del arte. Las ciudades ocasionales, si en verdad denotan la multiplicidad de formas de vida que circulan sin obediencia, difícilmente se dejarán embaucar por la retórica del arte. |
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| Kenny Cupers, Spaces of uncertainty |
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