Cultura Arts Visuals
Accesibilidad http://cultura.gencat.net/casm info_santamonica.cultura@gencat.net
Santa Mònica
MIND THE GAP ¿Cómo puede el arte tener una proyección real en la sociedad?
“Mid the gap” es el mensaje de atención del metro de Londres advirtiendo de la separación entre el tren y el andén. Y sirve a Montse Badia (comisaria de exposiciones y crítica de arte, Barcelona) como metáfora de la atención que hay que tener para no incidir en la separación entre arte y sociedad. Ésta es, sin duda, una de les críticas generalizadas al arte contemporáneo, a la vez que una de las preocupaciones de los propios profesionales del arte. Mind the gap, en el espacio Consulta, es un trabajo preparatorio para los trabajos y talleres que se realizarán en la QUAM 2005 bajo el título ¿Como puede tener el arte una proyección real en la sociedad?. Una preocupación que viene de lejos, que ha buscado formas de salvar esta distancia desde el cuerpo social, y que también ha sido tratada por los artistas desde sus propias prácticas.

MONTSE BADIA
«MIND THE GAP... MIND THE GAP...» nos recuerda insistentemente una voz que poco a poco se nos va metiendo en el cerebro. No, no estamos en el metro de Londres, pero me gustaría empezar este texto explicando una historia que también tiene lugar en un transporte público. Se trata de una «obra de teatro de bolsillo» incluida en el libro Haircut de Thorvaldur Thorsteinsson. La acción transcurre en un autobús. Los personajes son el conductor y los pasajeros. El público, que también forma parte de la representación, es consciente de que está presenciando una obra de teatro y, por lo tanto, es partícipe de una serie de convenciones (acepta que el autobús se mueve y que los pasajeros tienen problemas para mantener el equilibrio). En un momento determinado, el conductor detiene el autobús, sube un pasajero y le muestra un pase. El conductor le coge las manos y le dice que en este autobús no hacen falta pases y que los que se suben a él son elegidos. El pasajero se dirige hacia el fondo del autobús, se sienta y empieza a interrelacionarse con los demás pasajeros, haciendo gestos grandilocuentes y diciendo frases inconexas. De repente, el conductor se dirige a todos los pasajeros y empieza explicarles lo feliz que se siente por la incorporación de nuevos miembros en este ejército de salvadores y que la gloria es su destino final. Conduce a tal velocidad, que a los pasajeros les resulta cada vez más difícil mantener el equilibrio. El caos empieza a reinar en el autobús: se agarran unos a otros, algunos aplauden las palabras del conductor, mientras que otros manifiestan su perplejidad frente a un discurso indescifrable. Ante la confusión de la escena y la dificultad de seguir la acción, hace rato que los espectadores han ido abandonado el patio de butacas. En el momento en que el último espectador se va, es evidente que tanto los pasajeros como el conductor se han creído la ficción que representaban. Y también hace rato que se han olvidado de que estaban actuando para un público.

Quizá la imagen es un poco esperpéntica, pero, ¿cuántas veces hemos asistido a conferencias o exposiciones de arte contemporáneo que parece que tienen la clave para cambiar el mundo y que, en realidad, son absolutamente crípticas y autorreferenciales? A menudo decimos que el arte es una forma de conocimiento y que el trabajo de los artistas se puede ver como un sismógrafo de los cambios que se producen en la sociedad. El arte se puede entender como una forma de interrogación que activa los mecanismos necesarios para la extrañeza, el cuestionamiento y la búsqueda de respuestas que nos ayuden a entender el mundo y a nosotros mismos... No sé por qué, pero cuando escribo estas palabras, me parece que estoy representando el papel del conductor del autobús...

***

 

Muchas prácticas artísticas contemporáneas trabajan con la realidad, se insertan en otros contextos y utilizan otras estrategias, unos mecanismos y dispositivos de producción y comunicación diferentes de los tradicionalmente artísticos. También a menudo, el sistema del arte se convierte en un espacio de reflexión o de discusión, o en el catalizador de procesos que se desarrollan en otros ámbitos. Hablamos de una ampliación del concepto de arte, de práctica y competencia artística, de recepción e investigación de nuevos modos de producción y distribución, de formas diferentes de configuración del trabajo, de nuevas relaciones con los ámbitos de la experiencia y la socialización y de nuevos circuitos y lugares de desarrollo y de exposición. No, no hablamos de la disolución de las fronteras entre el arte y la vida de la misma forma que era propugnada en los años sesenta por las prácticas artísticas conceptuales. Entre otras razones, porque si bien muchos proyectos artísticos actuales son deudores de aquella época, ahora no tenemos el refugio ni la coartada de la ingenuidad. En nuestro mundo mediatizado, sabemos que ya no es posible trabajar en el terreno de las utopías con mayúsculas, sino que sólo podemos hablar de utopías a pequeña escala, porque el único radio de influencia posible es el que se encuentra a la distancia de nuestro brazo extendido.

Conscientes de todo esto, algunos artistas trasladan su discurso más allá de las restricciones del público del arte y de la propia institución, creando redes alternativas de comunicación, especialmente vía Internet (como Daniel García Andújar o Superflex), presentan fábulas o ejemplos que, si bien a veces parecen distorsionados,

Francesc Ruiz, Soy sauce, 2004
Francesc Ruiz, Soy sauce, 2004
reflejan situaciones en las que todos nos vemos representados (Antonio Ortega), se infiltran en diferentes ámbitos, convirtiéndose en catalizadores de procesos que parece que evolucionan por sí mismos (Christian Jankowski), ofrecen productos o servicios (como Otto Berchem o Minerva Cuevas), desarrollan sus trabajos en el espacio transversal de las subculturas (música electrónica, moda, diseño, publicidad, performance, cómic..., como en los casos de Joan Morey o Francesc Ruiz), o intervienen en el espacio público, creando sutiles desplazamientos que nos llevan a cuestionar algunos valores asumidos (Jens Haaning, Francis Alys). De la misma manera, los comisarios tienen puntos de vista diferentes acerca de cuál es su ámbito de actuación, e invitan a los artistas a desarrollar proyectos específicos que se presentan en formatos y medios diferentes de los tradicionales. Hans-Ulrich Obrist, Maria Lind, Peio Aguirre, Jacob Fabricius, Martí Manen y David Armengol, entre otros, son buenos representantes de esta tendencia.

Paradójicamente, una de las problemáticas más significativas en este momento es la distancia entre las prácticas artísticas contemporáneas y la sociedad. El título de este texto (y de la próxima edición de la Quincena de Arte de Montesquiu (QUAM) que tendrá lugar en julio de este año) es MIND THE GAP, un recordatorio de la distancia, que a veces parece insalvable, entre el arte y la sociedad. Y tampoco se trata de que el arte contemporáneo sea un fenómeno de masas. No me imagino a la prensa esperando en el aeropuerto la llegada de Douglas Gordon a la ciudad, como, por ejemplo, esperan la llegada de Brad Pitt. Aunque no he podido olvidar la imagen de Antonio Ortega rodeado de cámaras de televisión durante la inauguración de Fe y Entusiasmo, pero, claro está, se trataba de un proyecto que contaba con la colaboración de Yola Berrocal.

Y aquí quería ir a parar. ¿Qué notoriedad pública tienen los artistas a través de los medios de comunicación? ¿Cuándo y cómo aparecen en la prensa las noticias relacionadas con el arte contemporáneo? Ya me he referido a Fe y Entusiasmo, pero también podemos recordar la atención mediática que mereció el vídeo de Sam-Taylor Wood, David sleeping (claro que David era David Beckham), o las fotografías de Jeff Koons con su mujer Cicciolina. En otras ocasiones, el protagonismo mediático se relaciona con el escándalo: como las exposiciones de Robert Mapplethorpe, censuradas en Estados Unidos, o los detalles extravagantes de algunos finalistas de los premios Turner; los malentendidos ridículos que corroboran la total incomprensión hacia el arte contemporáneo (empleados de la limpieza que retiran esculturas e intervenciones artísticas porque las confunden con desechos…) o las estadísticas (como las largas colas para visitar las nuevas instalaciones del MOMA en Nueva York).

“ Hay que devolver la confianza entre el arte y el público y contribuir a la libertad, tanto del artista como del espectador”
 

¿Cómo se puede tener una visibilidad no distorsionada en una sociedad global de comunicación en la que el arte se ve obligado a competir con otras estrategias de comunicación visual más impactantes y accesibles? Para tener esta visibilidad, ¿el arte debe convertirse irremediablemente en un producto de consumo o en un espectáculo? Cuando los artistas se enfrentan a ámbitos de investigación complejos, ¿cómo se puede evitar ser considerados como etnógrafos, antropólogos o sociólogos aficionados? ¿Puede ser el arte el ámbito en el que se ensayen alternativas económicas y sociales? ¿Es posible llevar a cabo una auténtica tarea interdisciplinar? ¿Cómo se puede evitar caer en la autorreferencialidad? ¿Cómo se pueden hacer más accesibles los códigos del arte?

Christian Jankowski, Talk Athens, 2003
Christian Jankowski, Talk Athens, 2003
¿Cómo se puede redefinir una pedagogía del arte que evolucione por los mismos caminos que han seguido las prácticas artísticas? ¿Es posible explorar nuevas formas de comunicación? ¿Cómo se puede experimentar con nuevas formas de presentación a la esfera pública? ¿Cómo puede el arte tener una proyección real en la sociedad? ¿Es aún posible el arte como un campo libre para la creatividad? ¿Pueden las instituciones y las discusiones académicas ayudar en esta tarea o, al contrario, están creando nuevas barreras?

Hay que devolver la confianza entre el arte y el público y contribuir a la libertad, tanto del artista como del espectador. La responsabilidad de esta tarea se debe compartir entre artistas, comisarios, críticos, instituciones, educadores y responsables de programas pedagógicos, de políticas culturales, de comunicación, gestores culturales... Sólo con una implicación total, así como con una gran modestia y honestidad, el arte podrá proporcionarnos un marco renovado desde el que poder mirar el mundo, crear encuentros inesperados, y se podrá convertir en un mediador, tan fascinante como crítico, delirante, incómodo, irritante, irónico o reconfortante, pero absolutamente necesario.
Generalitat de Catalunya. Departament de Cultura