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¿Pintura versus alternativas a la exposición? Erno L. Vroonen (comisario independiente, Francfort) constata el interés que ha despertado la pintura europea en la reciente edición de la feria Art Basel Miami. Sobre todo, una serie de artistas que vienen principalmente de Leipzig. En esa ciudad de la antigua Alemania Oriental se ha activado un escenario de artistas, galeristas, iniciativas diversas y exposiciones donde se da espacio y visibilidad a un contexto que en definitiva se ha revelado intenso. Así, en el Butlletí, seguimos hablando del arte fruto de contextos de trabajo en efervescencia... tal vez desde uno de los más lejanos.
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ERNO L. VROONEN
En la Art Basel Miami Beach Fair de 2004, detecté claramente un gran interés por la pintura de Europa. No es nada nuevo. A principios de los años ochenta del siglo anterior, la explosión de la neue Wilde y la Transvanguardia italiana sustituyó a los movimientos más conceptuales como el vídeo, el body art o el land art. Entonces, la necesidad de pintar se prolongó durante una década y fue la fotografía la encargada de ponerle fin. ¿Podemos establecer algún paralelismo con lo que está ocurriendo hoy?
En una entrevista reciente, Harry Lubke, de la Galerie EIGEN+ART de Berlín y Leipzig no tuvo reparos en referirse de forma más directa a este hecho histórico, argumentando que también hoy los amantes del arte estaban cansados de contemplar obras de vídeo en las exposiciones durante, por ejemplo, más de veinte minutos. De hecho, si recordamos las antiguas ediciones de la Documenta o la Bienal de Venecia, por mencionar sólo dos de las ferias más importantes, podemos decir que en cierto modo se convirtieron en algo más que una experiencia que robaba tiempo. Por una parte, habría sido una estupidez no ver las obras en vídeo, dado que estaban allí expuestas, y por otra, esos vídeos de arte exigían mayor atención y más tiempo que la contemplación de una pintura tradicional, por ejemplo. Lubke decía que esa era sin duda una razón importante de la nueva popularización de la pintura. Evidentemente, no es una explicación espectacular pero, en su simplicidad, se acerca mucho a la verdad. ¿Qué es la experiencia contemporánea? ¿De qué está hecha? ¿La controlamos o es pura ilusión? ¿Cómo es la relación entre tiempo y espacio? ¿Y hasta qué punto puede responderse a estas preguntas con una pintura? La pintura que viene del Este
Dediquemos una mirada más atenta a algunos pintores alemanes de Leipzig, como ejemplo de referencia.
Todo empezó hará unos quince años, en 1989, con la caída del muro de Berlín. El Este y el Oeste se unieron y Alemania Occidental, más rica, tuvo que invertir en la Alemania Oriental, más pobre. A principios de los noventa, la galería Eigen + Art de Leipzig, que ya existía desde mediados de los ochenta, empezó una reconquista para introducir el arte de la Alemania Oriental en el Artindex internacional. |
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| Matthias Weischer, Fernsehturm, 2004 |
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En sus pinturas, Neo Rauch, que vivía y trabajaba en Leipzig, combinaba la estética de principios de los años cincuenta con el lenguaje formal del sistema comunista. Sus imágenes constituyen una guía para entender una sociedad que se ha hecho a sí misma. Sus colores parecen anticuados y el estilo absolutamente figurativo. La vida de la abstracción ha sido definitivamente breve.
En 1999, Rauch se hace profesor de la Academia de Bellas Artes de Leipzig. En aquella época, ya era un artista conocido y una figura clave de la galería EIGEN + ART. Generalmente, los jóvenes pintores que salían de la academia eran alumnos del profesor Arnulf Rinke y estaban muy familiarizados con la obra de Neo Rauch. En 2003, Jean-Cristophe Ammann comisarió la exposición Sieben Mal Malerei en el Museo de Bellas Artes |
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temporal de Leipzig: fue la primera presentación para artistas como Tim Eitel, Matthias Weischer, Martin Kobe, Tilo Baumgärtel, Cristoph Ruckhäberle, Peter Busch y David Schnell. También algunos coleccionistas internacionales, que conocían bien EIGEN+ART, compraron las primeras piezas y empezaron a informar a otros coleccionistas amigos. Siguieron iniciativas como la instalación de la Galerie Liga de Berlín, dirigida por un antiguo ayudante de Harry Lubke, llamado Christian Ehrentraut: un espacio artístico sufragado por los artistas de Leipzig, pensado para existir durante dos años. Este modelo fue muy apreciado por los coleccionistas que, si bien mantenían buenas relaciones con las galerías conocidas, querían descubrir el arte joven y nuevo en un espacio alternativo.
Sin duda sería un error atribuir el éxito de Leipzig exclusivamente a esos aspectos organizativos. La obra en sí debía poseer por fuerza una gran calidad, además de tener sentido en el diálogo actual del arte.
En este contexto, es interesante aludir a la obra de Michael Majerus, que murió joven en un accidente aéreo en noviembre de 2002. Su ecléctica producción explora distintos estilos y su dinamismo recuerda a los efectos especiales de la videoanimación.
Pero el interés tenía que alimentarse también con la promesa de exposiciones. El Frankfurter Kunstverein organizó una inmensa muestra colectiva titulada deutschemalereizweitausenddrei, con la obra de a.o. Tomma Abts, Tim Eitel, Katherina Grosse, Andreas Hofer, Hendrik Krawen, Antje Mejewski, Bernard Martin, Jonathan Meese, Anselm Reyle, Corinne Wasmuth y Johannes Wohnseifer.
La mayoría de las obras se hallaba en condición de préstamo. El director, Nicolaus Schafhausen, montó rápidamente la exposición, que satisfizo la necesidad de mostrar al mundo del arte que a principios de siglo se había producido un “Rinascimento de la pintura” en Alemania.
Como es lógico, también se estaban produciendo fenómenos paralelos fuera de Alemania. Curiosamente, el país que atrajo mayor atención con una perspectiva similar fue un vecino de la antigua Alemania Oriental, Polonia. |
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| David Schnell, Kollision
in der Baumschule, 2003 |
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| David Shnell, Gestänge 3, 2003 |
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Matthias Weischer, David Schnell
y Martin Kobe Pero volvamos a la nueva pintura de Leipzig y veamos cómo refleja formas distintas de experimentar el tiempo.
Matthias Weischer nos muestra, por ejemplo, interiores de una sobriedad muy perturbadora y –digamos esto con cuidado— con una mezcla de objetos feos que sólo se vuelven elegantes por el hecho de estar juntos. La variedad de estilos crea todo un nuevo mundo. La escena se compone como si fuera una imagen digital dentro de una habitación y el que mira pasa a ser simultáneamente outsider e insider. Se le invita a formar parte de este extraño interior, donde la imagen de un artefacto, pintura o escultura vuelve a convertirle en observador. Con todo, adaptándose a la inmensa cantidad de material y datos, la habitación artificialmente pintada deviene una experiencia en 3 D.
Lo mismo ocurre con David Schnell, que aparentemente pinta sencillos estudios de perspectiva clásica. Tan sencillos que resultan intrigantes. En sus bien medidos paisajes, los objetos se ven detenidos en pleno movimiento. El observador percibe la necesidad del artista de mostrar su dominio del dibujo de entornos arquitectónicos, pero al mismo tiempo, falta algo. El nivel donde tienen lugar todas las cosas no es el mismo que el nivel del suelo representado.
En la obra de Martin Kobe, las cosas también se componen con distintos elementos de estilo. Estas construcciones presentan múltiples niveles, tanto en el contenido como en la forma. Son casas complejas de estructuras abiertas y cerradas. Y revelan distintas aproximaciones a la pintura, pasando de un lirismo abstracto y del constructivismo a un hiperrealismo, todos unidos en una misma imagen. Estas construcciones no se prestan libremente a la comprensión. Escapan a la idea de un orden normal. Son espacios vivos donde, como ocurría con la obras de Weischer, el observador siempre se halla a ambos lados, dentro y fuera.
En estos tres ejemplos queda claro que la arquitectura adopta un papel importante, permite la “continuidad de tiempo y espacio”.
Para estos artistas, la luz juega una función esencial. Les guía a través de la imagen arquitectónica, se escapa de ella y retorna a un punto inesperado. En sus pinturas, la relación entre tiempo y espacio se traduce en paisajes arquitectónicos muy complejos, deconstruidos y reconstruidos. A veces es difícil distinguir qué surge de la realidad y qué es artificial. Los cuadros toman imágenes de la pantalla del ordenador. Son productos de la nueva era de los media, en la que el tiempo deviene una experiencia global.
Es cierto que estos tres jóvenes pintores de Leipzig, una ciudad que antes pertenecía a la República Democrática de Alemania y formaba parte del bloque de la Unión Soviética, se han visto influidos por el cambio de la sociedad socialista al capitalismo (deconstrucción y reconstrucción), pero sería un error no tener en cuenta que también son parte indudable de un mundo nuevo y futuro. |
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