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Santa Mònica
 Acerca de revistas, ciudades y tropismos varios
Tropical Table Party es una estructura pensada por María Inés Rodríguez y Pablo León de la Barra para hacer circular y dar visibilidad a revistas, publicaciones y otros impresos, proyectos independientes de artistas y colectivos fundamentalmente latinoamericanos. De hecho, las propias publicaciones ya son un intento de atraer el máximo de visibilidad con mediosque supongan el mínimo coste.

María Inés Rodríguez, curadora de Tropical Table Party en el espacio Consulta del Centre d’Art Santa Mònica, explica brevemente el recorrido e inicio del proyecto.
Tropical Paper n. 00, hivern 2004
Dmente 03, n.3, febrer-març 2004
Pulgar 17, n. 6, setembre 2004
MARÍA INÉS RODRÍGUEZ

"... las dos últimas horas de la tarde (geografía e historia) me las pasaba pensando en el puesto de revistas. Era uno situado en la primera ceiba a la derecha del Paseo Bolívar, al que había llegado buscando los cuentos de Santo El Enmascarado de Plata (que en mi casa me tenían prohibidos, junto a los de Edgar Allan Poe, porque eran cuentos de la plebe) y terminé descubriendo las revistas de mujeres; cuando ya llevaba mis tiempos de ser cliente, me las mostró con disimulo el dueño del puesto (...) cuando ya no había un solo cuento de Santo que yo no hubiera visto, incluso los lomos, entonces me dijo:

-Vení, acércate, te muestro una cosa.
Yo me le acerqué con cuidado. Debajo de muchos "Domingos Alegres" me dejó ver la primera revista..."

Andrés Caicedo
Angelitos Empantanados o historias para jovencitos.

Así aparecen "las revistas" en la vida del narrador de Angelitos Empantanados, allá en Cali, enigmática ciudad situada en el occidente colombiano. "Con una vegetación semitropical de bambúes, bananeros y papayas, Cali es una ciudad relativamente agradable, con un buen clima. Aquí no se siente la tensión. Cali tiene una tasa elevada de crímenes auténticos; no políticos. Hasta violación de cajas de caudales...", según la descripción que hiciera William Burroughs en sus Cartas del Yagé, en 1953

Hoy todavía quedan rastros de la época, y el clima es más agradable que nunca; el crimen sigue siendo auténtico, pero también político y en escala ascendente, condicionado por el agitado contexto que vive el país y que Cali ha resentido con una fuerza aplastante.

Por sus calles sigue rodando todo tipo de "angelitos empantanados", que intentan recrear una ciudad imaginaria, impregnando de sentido los lugares para sobrevivir.

En esa ciudad, fantasma tropical de luces de colores que obliga a redefinir constantemente el terror y el escape para no perecer, circulan los personajes de Andrés Caicedo.

Cali, al igual que muchas otras metrópolis del planeta, vive una realidad marcada por una situación compleja y convulsionada. Las contradicciones sociales y el abismo que separa los diferentes grupos de la población se han acrecentado a pasos agigantados, convirtiéndola en un verdadero laboratorio urbano contemporáneo.

El universo juvenil descrito en esta refrescante novela de los años setenta nos hace partícipes de un viaje iniciático hacia lugares aún desconocidos. Es un dramático salto del mundo heroico e ingenuo de Santo el Enmascarado de Plata, el de los cómics, al mundo de los adultos, hacia una sexualidad deseada pero prohibida, representada a través de las revistas porno. Sí, se trata también de las revistas, que sirven aquí de ventana para ver el otro lado, que muestran "eso" que se desea, pero a lo que no se tiene acceso inmediato.

La idea de crear una estructura que permitiera hacer circular y dar visibilidad a revistas, publicaciones y otros impresos surgió allí mismo, en Cali, en la avenida Colombia (para que todo quedara en familia), después de una larga entrevista a Miguel González, comisario del Museo La Tertulia, acerca del CaliwoodVer nota al pie, movimiento del que el propio Caicedo formó parte. Tal vez la conexión entre una cosa y otra sea bastante frágil, pero las ideas a veces llegan así: tomando un refresco bajo una ceiba y escuchando historias caleñas sobre cine y vampiros.

La relación podría encontrarse buscando del lado de las prácticas artísticas colectivas, ya que, como recuerda Miguel González, "En 1970 se fundó una casa cultural en el centro de la ciudad que se llamó Ciudad Solar. Allí se gestó una revista de cine, se hicieron algunos cortometrajes y Andrés Caicedo empezó su película. Las sábados se presentaba el cineclub de Caicedo; en el patio, en el teatro San Fernando y en la galería se exhibieron artistas contemporáneos".

Hasta aquí entonces es cuestión de práctica artística, espacio, visibilidad de proyectos artísticos. Analizándolas de cerca, las publicaciones (soporte de papel) aparecen como una estrategia perfecta que permite interactuar con los tres a la vez, además de ofrecer mayor movilidad, ya que se trata de espacios ambulantes. La cuestión que surge después es cómo asegurar la circulación de estas publicaciones, ya que no estamos hablando aquí de grandes casas editoriales con sus propias redes de distribución, sino de sistemas artesanales de producción y distribución que en ocasiones van de mano en mano y que con gran esfuerzo logran sobrevivir al número cero.

La idea de crear un espacio que contenga una serie de publicaciones y ediciones independientes ha tomado diversas formas y ha permitido iniciar una reflexión sobre la producción, la independencia editorial, las redes de distribución, los contenidos, el diseño, etc. El espacio como lugar físico y mental también ha adquirido gran importancia; no bastaba con transportar las revistas y colocarlas sobre una mesa, era necesario crear un dispositivo flexible que se adaptara tanto a los impresos como al espacio real que acoge. En este sentido, desarrollamos una primera colaboración con Ronan & Erwan Bouroullec, un kiosco ambulante de revistas en kit que "podría llevar por el mundo las revistas culturales" que todos quisiéramos leer. La aventura no logró pasar del estadio del diseño del kiosco.

Algún tiempo después, iniciamos una larga y productiva colaboración con Pablo León de la Barra, urbanista y arquitecto, en torno al espacio. Poco a poco hemos ido encontrando de qué forma articular nuestras ideas y el dispositivo nos sirve de campo de experimentación y negociación. Las publicaciones se han ido convirtiendo en una buena estrategia para construir dispositivos que den visibilidad a las construcciones culturales de unos y otros.


 En palabras de Miguel González, el caliwood "surgió en los setenta y agrupaba, entre otros, al mismo Caicedo, Carlos Mayolo y Luis Ospina, directores de cine. Una generación marcada por la fascinación de la literatura de Edgar Allan Poe y los libros como El almuerzo desnudo. La marihuana, los hongos silvestres, el ácido y el alcohol como privilegiados medios de un esparcimiento especial. La división del gusto musical entre el rock y la salsa, y la adicción al cine norteamericano, pero también al japonés y al europeo de Bergman, Godard, Truffaut, Passolini, Antonioni y Don Luis Buñuel". [Tornar]
 
Generalitat de Catalunya. Departament de Cultura